Los escalones crujieron cuando Ares subió a su habitación a la media noche. Se había tomado casi la mitad de la botella de whisky por lo que tuvo que agarrarse bien del barandal para sostenerse, aun así, no había podido olvidar los acontecimientos de hoy, no había podido olvidar que Dalia no estaba esperándolo en la habitación cuando subiera, suspiró pesadamente y siguió avanzando, cuando entró no se molestó en encender ninguna vela, ni pedirle a ningún criado que encendiera la chimenea, la penumbra era en estos momentos perfecta para él. Cuando sus ojos se adaptaron a la oscuridad lo primero que Ares vio fue el tocador de madera que mandó hacer para Dalia, una fuerte quemazón le estrujó el pecho, se acercó y con su mano tomó la pequeña peineta que compró para que peinara su fino cabello d

