El tiempo parece haberse detenido en esa habitación. La luz del atardecer se filtra por las cortinas, proyectando sombras alargadas que bailan lentamente en las paredes. Miley permanece inmóvil, su mirada perdida en un punto indefinido del espacio. Su mente es un torbellino de pensamientos y emociones contradictorias que no logra descifrar. Las lágrimas brotan de sus ojos sin control, como si tuvieran vida propia. Ruedan por sus mejillas suaves y pálidas, dejando rastros brillantes que reflejan la luz mortecina. Miley ni siquiera se molesta en secarlas. Deja que fluyan libremente, como si cada gota llevara consigo un poco del dolor que siente en su interior. En el fondo de su ser, sabe que el llanto tiene su origen en ese momento de vulnerabilidad cuando Benjamín intentó forzarla. Fue un

