Por la noche, cuando Miley llega a casa, se encuentra con una escena que le hiela la sangre. Devora, está de pie junto a la entrada con una expresión que nunca antes había visto en su rostro. Sus ojos, usualmente cálidos y reconfortantes, ahora reflejan un terror puro y visceral. Sin pronunciar palabra, con manos temblorosas y labios apretados señala hacia la sala. El gesto sutil va cargado de advertencia. La tensión en el ambiente es tan densa que podría cortarse con un cuchillo, y el silencio que reina en la casa solo hace que la atmósfera sea más opresiva. Benjamín está allí, su presencia dominando el espacio como una sombra amenazante. Con su porte alto y figura imponente, permanece de espaldas a la puerta, las manos metidas en los bolsillos de su traje hecho a medida, un Armani n***

