Expectante a la respuesta de Christopher, Miley lo observa con una ansiedad que le carcome las entrañas, sus dedos entrelazándose y desenredándose en un baile nervioso que delata su estado emocional. No le importa que él note lo desesperada que está por escapar, por alejarse de todo lo que representa la vida que ha estado llevando. Sus ojos, antes brillantes de determinación, ahora fluctúan entre la esperanza y el miedo, reflejando la batalla interna que libra entre su deseo de libertad y el temor a las consecuencias de su decisión. —Sacarla del país no puedo —dice, Herrera con su voz grave resonando en el interior del vehículo mientras conducen por las calles de la ciudad que los transporta hacia un destino incierto—. La única forma de abandonarlo es con una nueva identidad, y para conse

