Después de escuchar al imbécil de paciente me fui a mi habitación molesta con ganas de tomar mis cosas y dejarlo aquí solo con su amargura. No pasan ni veinte minutos cuando Nía está tocando la puerta y dice —Señorita Mérida, puedo pasar por favor. Entorno mis ojos y respiro profundo para contenerme y no mandarla bien lejos. Pero me contengo por que ella no tiene la culpa y debe dar la cara por el estúpido de Thomas. —Adelante—le indico de mala gana pues se a lo que viene, me encuentro sentada en la cama esperando a que pase. Pasa y me mira como con vergüenza y me dice —Señorita Mérida, disculpe a Thomas por el comportamiento de hace unos minutos Arqueo una ceja y replicó —Muy amable de tu parte, pero tú no debes disculparte pues tú no te portaste mal. Al contrario gracia

