La caída de Roberto, la ruina de Clara, y el constante fuego cruzado que parecía devorar la ciudad habían dejado claro que los tiempos habían cambiado. La vieja guardia estaba quebrada, pero la guerra no se detenía. En ese vacío y caos, surgió alguien inesperado para tomar las riendas: Sofía, la hermana menor de Clara, una mujer curtida en sus propias batallas y con un frío cálculo que ningún cabrón podía igualar. No era la favorita, ni mucho menos la consentida. Siempre había estado a la sombra, observando, aprendiendo, acumulando rabia y resistencia. Mientras Clara era la jefa poderosa y Damián el sanguinario, Sofía se había convertido en el látigo silencioso que nadie veía venir, la pieza que podría cambiar el juego desde adentro. Esa mañana, el sol apenas colaba su luz entre las ruin

