Capítulo 34. Dialogando con el enemigo

1394 Palabras

La sala de juntas parecía un campo de batalla congelado en el tiempo, con la luz grisácea filtrándose por las ventanas y el silencio pesado como si fuera una condena más que una pausa. Al centro, una mesa larga y lustrosa, impecable y jodidamente impersonal, esperaba ser el altar donde se decidiría la puta vida de esa maldita empresa, y quizás la de todos los que cargaban con este apellido maldito. Damián llegó puntual, la mandíbula apretada y el ceño fruncido, sintiendo cada puto latido del maldito reloj como un recordatorio de que no había vuelta atrás. Frente a él estaba Clara. Su sonrisa blanca era demasiado falsa para una guerra tan real, y sus ojos fríos, una mezcla de desprecio y diversión, querían machacar la esperanza que todavía le quedaba al otro lado del tablero. —Qué agradab

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