CAPÍTULO 6

1250 Palabras
—Por supuesto que irá Yoshi —dijo Mykolaiv con naturalidad— si no ¿Quién conduciría? —Me refería a que… —Sí, entiendo Katsumi —Mykolaiv le interrumpió—Entonces será el domingo, no se hable más Mykolaiv puso unos cuantos billetes sobre la mesa sin molestarse en pedir la cuenta. Luego tomo su teléfono y lo manipuló por unos segundos. En pocos minutos Yoshi apareció, se acercó a la silla del señor Mykolaiv y los llevó hacia el auto. Anya se levantó enseguida y siguió a Yoshi dejando sobre la mesa la mitad de su comida. Katsumi no había alcanzado a darle más de dos mordiscos a su hamburguesa y no pensaba dejarla ahí tirada; la envolvió en servilletas y la guardó en su bolso. El trayecto de regreso se le hizo eterno. —Yoshi, lleve a la señora Kimura a su casa —ordenó Mykolaiv mientras Yoshi lo bajaba del auto. —Adiós Katsumi —gritó Anya alejándose del auto. Katsumi le dispensó una sonrisa forzada.     —¿Y qué tal? —preguntó Yoshi a Katsumi cuando estuvieron solos en el auto. —Tu jefe es un gilipollas —Sí, podría decirse que es un cretino, pero paga bien por aguantarlo ¿no? —Sí —susurró Katsumi, ni siquiera pasó por su mente contarle  los detalles de su primer día de trabajo.   Yoshi había dejado a Katsumi y había tenido que volver al trabajo, su empleo no consistía solamente en llevar y traer al señor Mykolaiv, también hacía algunos mandados, llevaba paquetes importantes y tenía que estar disponible hasta las seis treinta, hora en la que era reemplazado por el chofer del turno de la noche.  Akari había dejado una nota, iría a donde Olivia y pasaría ahí la noche. Katsumi estaba sola. Preparó la cena y la dejó en el refrigerador, tomó una ducha caliente y se recostó en la cama envuelta solo en una toalla. Cerró los ojos y en su mente se proyectó una vívida imagen: Adrick Mykolaiv en ropa interior,   recostado en la cama. Abrió los ojos de golpe. Se levantó y empezó a secar su cuerpo.  Katsumi era de complexión delgada, con una cintura pequeña y caderas anchas, sus senos eran generosos y firmes, con aureolas pequeñas y pezones erectos. Mientras frotaba la toalla sobre su piel blanca como lechE, una sensación incontrolable se apoderó de su cuerpo. Se metió en la cama sin ponerse una sola prenda y se cubrió con las sábanas. Cerró los ojos y  pensó en Adrick besando su cuello, empezó a imaginar sus manos sobre su cuerpo. El ardor que le quemaba le causaba la necesidad irrefrenable de apretar sus muslos uno contra otro y sin darse cuenta llevó sus dedos índice y medio hacia su sexo y empezó a frotarse. Deslizó ambos dedos de arriba a abajo entre los labios de su v****a, se estaba derramando. Imaginó a su jefe penetrándola mientras se metía y sacaba los dedos enérgicamente, empezó a gemir sin control, necesitaba algo más que sus dedos dentro de ella, pero aun así alcanzó el climax, repitió todo un par de veces más, solo podía pensar en coger con Adrick, esos pensamientos la estaban matando. Esa noche Katsumi escuchó la puerta abrirse y cerrarse. Era Yoshi, llegando a casa tan puntual como cada noche. Katsumi corrió a meterse en la cama. Cuando Yoshi entró a la habitación, ella fingió estar dormida, se le caía la cara de vergüenza, no se atrevía a ver a su esposo a los ojos después de haberse imaginado a sí misma en los brazos de otro hombre. Sentía que, en su corazón, ya le había sido infiel. A pesar del remordimiento, al día siguiente, Katsumi despertó muy temprano, preparó el desayuno, y se arregló lo más que pudo, no podía disimular las ansias por ir al trabajo.   —Estás guapísima —Yoshi la miraba con ternura. Katsumi no respondió al cumplido, solo puso los ojos en blanco. Durante todo el trayecto Yoshi habló sin parar y Katsumi no prestó la mínima atención, asentía con la cabeza de vez en cuando, su cuerpo estaba ahí, al lado de su esposo, pero su mente estaba muy lejos.   *****   Katsumi entró en la habitación, abrió un poco las cortinas esperando que los tenues destellos de luz que se colaban por la ventana despertaran a Mykolaiv. Tenía la esperanza de que la actitud de su jefe para con ella cambiara un poco, pero nada más lejos de la realidad; desde que abrió los ojos empezó a ser tan grosero como siempre. —¡Joder! ¿Qué demonios haces aquí? —Trabajo aquí señor Mykolaiv. Es hora de despertar —dijo Katsumi abriendo las cortinas de par en par. Adrick Mykolaiv cerró los ojos y llevó ambas manos a la cara. Dio un alarido exagerado como si fuera un vampiro derritiéndose ante la luz del sol. Katsumi puso los ojos en blanco. —¡Vamos! tiene que tomar una ducha. Ahh.. le traje estas —Katsumi levantó una muleta con cada mano con una gran sonrisa en su rostro— no necesitará más esa silla. Venga, le mostraré como usarlas. Adrick la observó con los ojos entrecerrados sin decir una palabra. Las piernas de Katsumi se hicieron de algodón al sentirse bajo el escrutinio de esos ojos azules. Lo que le dijo Adrick Mykolaiv entonces, casi la hace desvanecerse frente a él —¿Dices que me darás un baño? El rostro de Katsumi se enrojeció, Mikolaiv soltó una risita pícara al notarlo y esto hizo que Katsumi se ruborizara aún más. —Lo ayudaré a entrar a la ducha, ahí dentro hay una silla, podrá ducharse solo sin ningún problema—respondió Katsumi indignada —¿Y qué hago si se me cae el jabón? Katsumi no respondió. Mikolaiv parecía disfrutar el momento y su rostro alegre hizo que el enojo de Katsumi se evaporara en un instante, su gesto fruncido se convirtió en una media sonrisa. Ayudó a Mikolaiv a apoyarse en las muletas. Katsumi esperó en el baño mientras su jefe se duchaba. —¡Terminé! ¿Ahora qué? —Grito Adrick Mykolaiv desde dentro de la ducha. —Séquese y tápese, por favor —le respondió Katsumi con voz áspera mientras abría el cristal corredizo y le pasaba una toalla —¡Listo! —exclamó Mykolaiv. Katsumi dudó antes de abrir por completo la puerta de cristal que la separaba del cuerpo casi desnudo de su jefe, pero hizo acopio de valor. Lo ayudó a salir, ya había dejado la ropa sobre la cama de modo que se dio la vuelta y dejó que el señor Mykolaiv se vistiera solo. Aunque demoró un buen rato y gimió un par de veces, Katsumi no lo auxilió. —¡Listo! —anunció el señor Mykolaiv cuando hubo terminado de vestirse —Bien, comencemos —respondió Katsumi con entusiasmo Los ejercicios de rehabilitación para la pierna del señor Mykolaiv duraron unas cuatro horas, incluyendo los descansos. Durante todo este tiempo Mykolaiv mantuvo una seriedad abrumadora. Katsumi se sentía nerviosa al estar tan cerca del cuerpo de Mykolaiv y fue un alivio para ella cuando su teléfono sonó. Era la alarma que indicaba que ya era la hora de almuerzo. —Estaré en la cocina si me necesita —dijo Katsumi al Mykolaiv mientras recogía los utensilios que había usado con los ejercicios. —Katsumi —susurró Mykolaiv —Dígame señor Mykolaiv —¿Cuánto tiempo llevas casada con Yoshi?      
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR