Llevábamos ya unas horas en el club, me habían traído obligada ya que se me había pasado un poco la mano con el bronceado y mi piel era muy sensible y me dolía. Aunque después de un rato con las chicas, me había acoplado muy bien y ya ni me acordaba del dolor en la espalda y las piernas. —¡Mojitos! —gritó Carla mientras me entregaba mi tercer vaso. Detrás de ella venía Romina bailando con las manos en alto, lleva dos copas y al dejarlas en la mesa botó la mitad de una. —¡Lo siento! —exclamó haciendo una mueca de disculpa. —Pasa la lengua para recuperar ese alcohol, que me costó bastante dinero esa puta copa pequeña —gritó Carla enojada y usando un vocabulario que solo salía cuando estaba entrando al estado de ebriedad. Era muy evidente cuando se emborrachaba ya que se ponía a exagerar

