Vestidos y conjuntos por montón, sacaba Ester de su armario y no podía creer que todos le quedaban algo ajustados, más de lo normal, había reducido su alimentación para no seguir subiendo de peso, aun así e increíblemente, veía como su cuerpo seguía su rumbo. —¿Qué me pasa?, ¿Será la comida de aquí? O ¿el clima? —Se preguntaba Ester, viéndose al espejo una y otra vez, tocaba sus caderas y veía su trasero. No se le quitaba de la cabeza que su cuerpo seguía cambiando. —¡Uy!, qué vista más rica! —Habló David al verla en ropa interior diminuta y tacones. —Caruso, ¿Estoy gorda? Esta vez se sinceró, he reducido la cantidad de comida y hago más ejercicios y la ropa no me sirve —Pregunto muy seria, deteniendo el coqueteo de su esposo. —¿Gorda? No te veo nada de gordura, lo que estás es rica,

