El silencio reinaba en el comedor de empleados, donde Ingrid observaba a su hijo, ver la pantalla de su teléfono; Estaba a punto de salir con sus jefes a conocer la mujer que sería dueña de los clubes nuevos y a quien Heriberto quería usar para quedarse con todo lo de David. usándola como escudo por si las cosas salían mal, a él no le importaba que llevara su sangre, solo la había aceptado para usarla cuando lo necesitara y justo había llegado el momento. —Vamos, ya deben estar bajando, —interrumpió Ingrid a su hijo, quien solo se guardó el teléfono y la siguió. —¿Has hablado con mi padre? —Pregunto en el camino. —Sí, planea venir disfrazado, —respondió Ingrid con una sonrisa, eso le emocionó mucho a Alfredo, necesitaba la ayuda de su padre. —Buenos días, ¿cómo amanecieron? —Les hablo

