Martín A penas y alcanzo a cerrar la puerta de mi oficina, cuándo ya la tengo con su pecho pegado a la muralla, su hermoso trasero me invita a desnudarlo y acariciar cada centímetro. Estoy absolutamente hechizado, el embrujo que ha lanzado mi Preciosa hechicera, es uno poderoso y que nubla mis sentidos y mi razón. - Martín, nos oirán...- Levantó su falda, exponiendo una diminutas y empapadas bragas de encaje rosa pálido. - Te necesito, Amor...- Deslizo mis dedos por sobre la tela que cubre su sexo... - Y tú también a mí, Preciosa... Estás empapada. - No es muy correcto tener sexo en la oficina... - No puedo esperar llegar a casa, Hermosa...- Su voz está cargada de deseo y necesidad, sólo me la está poniendo difícil. Libero mi erección, estoy duro y listo para entrar en ella, pero ne

