DEBBY —Tienes que comer algo, cariño. Levanto la mirada y me encuentro con los ojos de Ana sobre mí, y con el ceño ligeramente fruncido. Ella no deja de estudiar cada uno de mis movimientos desde que subimos al avión. Las náuseas me asfixian, pero la conozco, o al menos creía hacerlo. Hasta ahora, sé que si corro al baño para vomitar, va a sospechar lo mismo que yo. No puedo poner en riesgo a mi bebé, si es que estoy esperando otro hijo del diablo. —No tengo hambre —espeto con firmeza, apartando la mirada de ella y mirando a través de la ventanilla. Ignorando la charola llena de comida que ha puesto frente a mí. —Sé lo que parece, pero Sebastián no es un mal hombre. Volteo a verla mal. —¿No es un mal hombre? Prácticamente me ha secuestrado. No solo eso, quiso hacerle daño a Mate

