Iván introdujo la llave y, al abrir esa enorme puerta, ambos entraron; el lugar se encontraba un poco oscuro. Él se acercó a un apagador para encender las luces del lugar. —¿Cuándo piensas abrir el lugar? Hayami cuestionó mirando a Iván. —En dos semanas, calculo más o menos; aún me faltan algunas cosas. Hayami caminó un poco por el lugar observándolo; estaba luciendo muy bien. —Es lo que veo. Iván tomó suavemente la mano de Hayami, que se sorprendió al sentirlo, pero solo lo observó extrañada; aun así, no apartó la mano de él. Iván sentó a Hayami en la barra mientras caminaba hacia atrás de la barra. —Dígame, señorita, ¿qué desea tomar? —Venimos a trabajar, ¿no? Iván sonrió ligeramente. Esa sonrisa tan atrayente que en el pasado siempre hacía que ella cediera ante él. Hayami coloc

