Capitulo 59

1285 Palabras
Subo nuestro equipaje a la habitación de nuestro último hotel. Es la parada final antes de llegar al próximo destino, y sé que Summer está haciendo todo lo posible por seducirme. Para ser honesto, es cómico lo mucho que se esfuerza, pero algunas de las cosas que hace también me están volviendo loco. Me he masturbado más de una vez en la ducha por su culpa. Sin embargo, no quiero ceder tan fácilmente. Quiero que esa pasión se acumule. Quiero que la próxima vez que estemos juntos sea como fuegos artificiales, y quiero que ella tenga tanta necesidad que, cuando por fin la satisfaga, nunca vuelva a pensar en otro hombre el resto de su vida. Aunque sí la estoy provocando. No sé si se ha dado cuenta. Camino por la habitación del hotel en calzoncillos ajustados y nada más. Duermo medio desnudo con los brazos alrededor de ella, mi m*****o presionado contra su trasero. Mientras me quito la camisa, Summer exclama: —¡Ya basta de torturarme! Bajo la camisa y la miro. —¿Qué pasa? —Te quiero, Renzo. Te quiero dentro de mí. ¿Es eso lo que querías oír? —me fulmina con la mirada—. Estoy tan lista para montarte. No es gracioso, y ni siquiera me has mirado una sola vez. No importa lo que haga. Me río por lo bajo. —¿Qué estabas intentando hacer? —Seducirte. ¿Acaso no soy sexy? —hace un puchero y cruza los brazos. Sonrío con picardía. —Has estado muy sexy, pero soy un hombre muy paciente. Me mira fijamente, y yo me inclino para besarla suavemente. —¿Por qué no dejas que yo te seduzca a ti? Sus ojos brillan bajo la luz. —¿En serio? —Sí. Ponte un vestidito de cóctel bonito y vamos a cenar. Te voy a agasajar con vino y cena hasta que te derritas, y luego tal vez podamos solucionar esa frustración tuya. Ella sonríe y corre hacia su maleta, y yo me río. Me visto con traje y corbata y espero a que termine de arreglarse. Me siento en la cama, mirando el reloj de vez en cuando. Sale con un vestido rojo corto que me deja sin aliento. El escote solo ya me hace querer cancelar la cena y devorarla a ella… es decir, quedarnos adentro. Se acerca a mí. Con tacones está más alta, pero sigue sin llegar a mi altura. Cuando me pongo de pie, aún la miro desde arriba con una sonrisa suave. —Estás impresionante. —Gracias, señor —dice, tomando mi brazo—. ¿Vamos? La guío fuera de la habitación y nos dirigimos al ascensor. Esperamos pacientemente a llegar a la planta baja, pero al salir, una bala pasa zumbando junto a mi cabeza. Empujo a Summer al suelo. —Al suelo. Saco mi arma y otra bala pasa silbando, y luego otra. Tendré que esperar a que quien sea recargue. Miro en el espejo del ascensor y veo, de entre todas las personas posibles, a Weston caminando hacia mí y disparando. Summer empieza a arrastrarse lejos de mí, quitándose los tacones de una patada. Devuelvo el fuego cuando puedo, pero cuando pienso que se le han acabado las balas, cambia a un arma en la otra mano y empieza a disparar de nuevo. Espero mi oportunidad y, cuando se hace el silencio, me giro para disparar, pero ya no está ahí. Escucho a Summer gritar y sé que la tiene. Salgo de mi escondite. —¿Summer? —la llamo—. ¿Summer? El pánico y la adrenalina me recorren el cuerpo mientras corro al vestíbulo. La gente corre despavorida en todas direcciones para alejarse de Weston, que arrastra a Summer hacia la puerta principal. Lo sigo lo mejor que puedo, empujando a la gente a un lado. Una vez afuera, veo a Weston dirigiéndose a un coche y levanto mi arma. —Para, o juro por Dios que te disparo en la cabeza, Weston. —Ella no te pertenece. —La gira y la pone en una llave al cuello con el arma en su sien—. Me pertenece a mí, y se viene conmigo ahora. Luego Lino puede hacer contigo lo que quiera. Intento calmar mi respiración y mantener la mano firme. —Puedes irte de esta, Weston, y no tendré que matarte. Si la matas, te prometo que sentirás un dolor que ni siquiera imaginabas posible. Se mueve ligeramente para ajustar su peso y veo mi oportunidad. Rezando, disparo y le doy en la frente. Cae desplomado y Summer se aparta de él. —¿Estás bien? —pregunto. —Estoy bien —solloza—. Estoy bien. Me salvaste. —Corre a mis brazos y la abrazo fuerte—. Vamos, subamos. Podemos agarrar nuestras cosas y buscar otro hotel. Salimos de allí antes de que llegue la policía y nadie nos detiene. Parece que todos intentan escapar. Ni siquiera pasamos por recepción. Tienen problemas más grandes ahora que nuestra cuenta. La adrenalina aún me corre por las venas. Conduzco una hora hasta otro hotel y hago el check-in. Una vez en la habitación, con el equipaje en el suelo, agarro el brazo de Summer y la atraigo hacia mí, apretándola contra mi cuerpo. Ella se relaja en mis brazos. Sabe que está a salvo conmigo. —Nunca dejaré que nadie te aleje de mí —murmuro en su cabello, besando la coronilla. Cuando me mira, lo hace con una energía cruda, y bajo mis labios para besarla. —Que se joda la seducción —susurro contra su boca antes de besarla de nuevo, mi lengua buscando la suya para entrelazarse. Llevo la mano a su espalda y bajo la cremallera del vestido antes de romper el beso y guiarla para que se dé la vuelta frente a mí. Deslizo el vestido por sus hombros hasta el suelo, y la vista de su espalda desnuda ya me excita. Solo lleva unas diminutas braguitas negras que apenas cubren su trasero. Apartó su cabello a un lado y beso su cuello. —Ahora me perteneces —murmuro—. Y yo te pertenezco a ti. Se estremece ligeramente mientras bajo besando despacio por su espalda. Al llegar a sus caderas, deslizo sus braguitas hacia abajo, tomándome todo el tiempo del mundo. Luego me pongo de pie y empiezo a desnudarme. —Sobre la cama —digo—. Boca arriba, piernas abiertas. Veo el efecto que tiene mi tono autoritario en ella, pero no obedece de inmediato. Camina despacio hacia la cama y se tumba, cruzando la pierna izquierda sobre la derecha. Se muerde el labio y me mira con ojos cargados de deseo. —¿Me vas a castigar si no obedezco? Sonrío mientras por fin me quito la ropa interior. —Voy a hacerte suplicar perdón… y más. Me arrastro hacia ella en la cama y levanto suavemente su pierna, abriéndola por completo para mi deleite. Bajo mi rostro justo encima de su coño y la beso tan suavemente que se le pone la piel de gallina. Beso despacio hacia abajo hasta llegar arriba, justo junto a su clítoris. Lo rozo en círculos con la lengua y siento cómo sus músculos se contraen a ambos lados de mi cara. —Renzo… —gime suavemente—, Renzo, no me tortures, por favor. Sonrío y bajo más la lengua, introduciéndola dentro de ella para saborear sus jugos dulces. Es ácido, pero me enloquece. Introduzco dos dedos en ella, moviéndolos dentro y fuera mientras mi lengua la provoca. Espero hasta llevarla al borde y entonces me detengo, me incorporo y me coloco encima de ella.
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