Me incorporo de golpe en la cama cuando escucho que patean mi puerta hasta abrirla. Agarro mi pistola de repuesto del cajón de la mesita y la apunto hacia la puerta. Había estado profundamente dormido después de que Pietra se fuera, pero sus hermanos debieron enterarse de lo nuestro y decidieron venir a buscarme. Giordano entra primero en la habitación, seguido por dos guardias y Donato. Mantengo mi arma apuntando a uno de los guardias; jamás apuntaría con un arma a mi Don, y él lo sabe. —¿Qué demonios están haciendo? —exijo, fulminándolos con la mirada—. ¿Ni siquiera puede un hombre dormir en paz? —¿Dónde está Pietra? —pregunta Donato con calma, inspeccionando la habitación lentamente. Niego con la cabeza. —No sé dónde está. De repente levanta su arma y dispara por encima de mi cabe

