Tener la ventaja y dejar a Polina colgada se había sentido increíble. Jodidamente increíble. Ella era puro fuego que me quemaba los dedos cada vez que intentaba tocarla, pero anoche había sido yo quien la quemó a ella. Al menos cien negocios cerrados, más que una fortuna hecha, pero de algún modo eso se había convertido en una de mis victorias más satisfactorias. Quizá ahora pensaría dos veces antes de provocarme, y si no lo hacía, estaba listo para cualquier desafío que planeara lanzarme. Lo enfrentaría. La vida se trataba de aprender. Vivías y aprendías. Descubrías lo que te gustaba y lo que no, y lo que te hacía matar a alguien a sangre fría. Esta mañana había aprendido algo vital, tal vez sobre mí mismo, pero definitivamente sobre Polina. Ella era alguien que siempre buscaría t

