Capitulo 38

1373 Palabras
Gracias a Dios no tenemos que compartir cama. Eso hace que esta luna de miel sea un poco más llevadera. No tenía ninguna ilusión por esto, y Renzo estaba tan tenso cuando llegamos que me provocaba ansiedad. Ahora, en cambio, se está relajando y debo admitir que eso me trae buenos recuerdos. El intercambio de bromas fácil que siempre existió entre nosotros era algo que yo apreciaba mucho. No me habla con condescendencia como si fuera una mujer estúpida, y siempre hemos tenido conversaciones interesantes. Ese nunca fue nuestro problema. No voy a mentir: atribuyo en parte la tranquilidad de este viaje a las numerosas copas de vino y cócteles que he estado disfrutando, y también noto que él no se ha contenido con las cervezas y los whiskys. Al tercer día, salgo de la habitación y paso junto a un hombre que lleva un traje en el pasillo. Le dedico una pequeña sonrisa y noto que tiene un tatuaje de una cruz y unas manos en oración en el cuello. No me devuelve la sonrisa y me estremezco al alejarme de él. Da un poco de miedo. Tomo el ascensor hacia abajo y voy al comedor. Me sirvo una generosa ración de huevos y tocino con algo de tostadas y salchichas, y luego busco una mesa. Renzo probablemente ya ha notado mi ausencia y bajará en cualquier momento, estoy segura. Mientras como, miro distraídamente a un hombre sentado solo, leyendo el periódico. No toca su comida en absoluto. Pasa la página y un tatuaje en su mano llama mi atención. Otra cruz y manos en oración. Debe de ser algo popular por aquí o de donde sea que vengan. ¡Quizá estén juntos! Oh, tal vez sean hermanos. ¿Por qué demonios me importa? Me río para mis adentros y me sonrojo cuando el hombre me mira. Bajo la vista hacia mi desayuno y como rápido. Me pregunto cuáles serán los planes para hoy. Cuando termino, decido ver si hay actividades programadas y, al salir por la puerta principal, choco con un hombre corpulento vestido con pantalones cortos y camiseta, aunque se ve incómodo con esa ropa, como si no estuviera acostumbrado a vestir así. Gruñe diciéndome que mire por dónde voy, y yo lo fulmino con la mirada mientras se aleja. En la parte trasera de su pantorrilla hay una cruz con manos en oración. Qué raro. Debe de haber una conferencia o algo así en el hotel. El clima afuera no parece prometedor, y casi grito cuando escucho la voz de Renzo detrás de mí. —Parece que va a llover— Me doy la vuelta para mirarlo. —Supongo que hoy no hay playa— me encojo de hombros. —¿Un día dentro, leyendo quizá? — propone, y yo asiento. —Suena genial— —¿Podemos pedir servicio a la habitación para cenar y ver algunas películas, si quieres? — ofrece. —Claro, si yo puedo elegir las películas— sonrío. Él asiente. —Por supuesto— Estos primeros tres días han sido tranquilos y, de hecho, lo estoy pasando bien. Pasamos el día sentados en la zona de estar y, hasta ahora, no nos hemos matado. Consultamos con el hotel y el clima parece ser una tormenta inesperada que está de paso. Mañana debería volver a hacer sol, así que pasamos el día relajándonos y leyendo. Pido la comida y espero a que llegue el servicio a la habitación. Dejo que el camarero empuje el carrito hasta la zona de estar, donde hay una pequeña mesa para comer. Coloca la comida y está a punto de irse cuando digo: —Espera— Tomo la cartera de Renzo de la mesita auxiliar y saco un billete de cincuenta. —Olvidaste la propina— ¿Me siento mal por sacar dinero de la cartera de Renzo? Para nada. El tipo necesitaba la propina y yo no llevo efectivo encima. Vuelvo a dejar la cartera justo cuando Renzo sale de su habitación, vestido con unos pantalones y una camiseta tipo polo. —Un poco formal para cenar en nuestra habitación— comento. Yo estoy en pijama y Renzo me mira de arriba abajo. —Un poco informal para cenar en general— —Esto es ropa adecuada de casa— digo, intentando sonar refinada. Renzo levanta una ceja y se pasa una mano por el pelo. Sonrío. —Tu pelo está perfecto, no te preocupes— Él sonríe y se sienta. —¿Qué pediste para nosotros? —No podemos ser italianos si no probamos los platos italianos de verdad— levanto la tapa metálica de su plato—. Espaguetis con una salsa cremosa— Renzo me mira con escepticismo. —¿Sabemos si el chef es una nonna italiana con años de recetas familiares transmitidas de generación en generación? —Lo dudo— le sonrío ampliamente—. Así que no va a saber cómo la cocina de la nonna— Renzo suspira. —Me resigno a ese hecho. Bien, primera cena y algo de vino, y luego una película. ¿Sabes qué quieres ver? —Hay algunas opciones elegidas sobre la mesa— me siento en mi sitio—. Puedes revisar y elegir la comedia romántica menos ofensiva que estés dispuesto a ver— —¿Alguna tiene acción? —¿Define acción? ¿Aventura y armas o buen desempeño en la cama? Porque todas solo tienen una de esas— le sonrío con malicia. Él se ríe. —Miraré luego. ¡Buon appetito! —Grazie— digo, destapando mi plato. Comemos en silencio durante un momento hasta que Renzo se levanta y nos sirve una generosa copa de vino a cada uno. Doy un largo sorbo. —Al menos el vino está bueno— —Entonces no soy solo yo— dice, haciendo una mueca—. ¿Pediste postre, al menos? —Helado con salsa de chocolate— aparto el resto de la comida—, lo cual suena mucho más apetecible— —Sabemos que no deberíamos beber con el estómago casi vacío, pero no somos novatos. Sobreviviremos— dice Renzo, cogiendo un cuenco de helado y poniéndose de pie—. Veamos la película mientras comemos— Los dos nos dejamos caer en el sofá, y Renzo mira la lista que he preparado. Enciende la televisión y selecciona una de las películas más románticas. —Esta debería ser totalmente de tu estilo— Nos acomodamos y pronto abandonamos el helado por más vino. Noto lo libremente que fluye, pero tanto Renzo como yo somos bebedores experimentados. Me recuesto contra él, poniéndome cómoda, y giro la cabeza para mirarlo. Está a centímetros de mi cara, mirándome a los ojos con esos penetrantes ojos gris azul Milani. No estoy lo suficientemente borracha para hacer esto, y sería un error, pero no puedo evitar inclinarme y besarlo. Él me devuelve el beso y empezamos a besarnos con hambre. Nos giramos para quedar frente a frente, y los besos se vuelven más intensos hasta que él se aparta. Siempre tan controlado. Solo quiero un cierre de su parte. ¿Es demasiado pedir? En lugar de pedirle que se explique, me levanto y me siento a horcajadas sobre su regazo, mirándolo desde arriba. Me inclino y vuelvo a besarlo. Siento sus manos rodear mi culo y apretarlo. Siempre le gustó mi culo. Sus manos suben desde mi trasero, entran por debajo de mi camiseta y cubren mis pechos desnudos. Gimo contra su boca, moviendo las caderas sobre su erección creciente. Él me da la vuelta y empieza a desvestirme, y mi mente se desboca. No pasa mucho tiempo antes de que me lleve hasta su cama, su cama perfectamente hecha, y me deje caer sobre las sábanas, tirando de mi pijama con ansia para quitármelo. Manoseo sus pantalones, desabrochando su cinturón y dejando que sus pantalones caigan al suelo. Está duro y listo para mí. Sus dedos se deslizan entre mis piernas y gimo mientras juega conmigo; siempre tuvo un don con las manos. Me levanta y me lanza más arriba en la cama, de modo que yo quedo más alta y él más abajo. Sé lo que va a hacer, y no tengo ninguna queja.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR