A una hora intempestiva, Giordano asoma la cabeza en mi habitación para decirme que tiene trabajo y que se va. Gruño en respuesta y vuelvo a dormirme. Cuando despierto de nuevo, ya es por la tarde y me siento un poco menos como si me hubiera atropellado un camión. No me apetece preparar el desayuno, aunque estoy segura de que un sándwich de queso a la plancha me haría sentir muchísimo mejor. En vez de eso, voy al salón y enciendo la televisión, bajando el volumen. Paso por los canales hasta que llego al de noticias, que está cubriendo una gran explosión en un almacén. Subo el volumen rápidamente y escucho lo que dice la reportera. —Este almacén se rumorea que pertenece al infame cártel Boscan. Algunos murmuran que se trata de un ataque de otra familia mafiosa en represalia por las guerr

