Bajo las escaleras vestido con vaqueros y una camisa ajustada de botones, y encuentro a Paloma esperándome. Lleva un vestido rojo strapless muy corto y muy ceñido. Tiene unos tacones negros preciosos puestos y, al acercarme, puedo oler su perfume, que casi me deja el cuerpo en shock. La miro un momento antes de que diga: —¿Qué? ¿Te sorprende que sepa arreglarme bien? Carraspeo ligeramente. —No, solo... estás muy guapa. Se sonroja y coge su bolso rojo de tirantes finos que combina con el vestido. —Estoy lista para soltarme y fiestear. —Tenemos que ir con cuidado —la advierto—. No es seguro. —Pensé que La Quinta Club era de tu familia —dice ella, y yo asiento. —Lo es, pero no creo que deba beber esta noche. Ella sonríe con picardía. —No creo que Pietra te deje mucha opción. Sé qu

