“El Refugio del Alma”

1361 Palabras

El sol apenas despertaba cuando la camioneta blindada cruzó los portones de hierro forjado. La finca de Gabriel estaba ubicada entre las montañas de Oaxaca, custodiada por árboles viejos, colinas verdes y un silencio que no se rompía ni con los pensamientos más ruidosos. Perla iba en el asiento trasero, su abuela dormida a su lado, y Gabriel al frente, mirando el camino como si en cada curva se le fuera la vida. Cuando el vehículo frenó frente a la gran casa colonial de techos rojos y balcones de hierro, Perla sintió que entraba en otro mundo. Uno distinto al que ella conocía. Uno donde el peligro no tenía permiso para entrar. Los empleados de servicio ya estaban esperando. Una mujer mayor, de rostro amable y uniforme blanco, se acercó de inmediato. —Bienvenida, señorita Perla. El señor

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