La casa de los Álvarez - Tarde gris en la ciudad Gabriel estacionó su Maserati frente a la antigua casona que alguna vez fue símbolo de prestigio en la ciudad. Ahora, el portón oxidado y el jardín abandonado eran testigos del declive. Tocó la campana. Salió Paola, impecable como siempre, con ese aire de reina arruinada. —Vaya, Montenegro. Nunca pensé verte en mi casa otra vez —dijo con desdén. —Tampoco pensé que tendría que venir a recordarle que su hija no es un peón. Escena 2: El enfrentamiento con González Álvarez González entró al salón con paso cansado. Tenía el rostro marcado por la culpa. Gabriel fue directo: —¿Le contaste a Perla la verdad? ¿O aún cree que fuiste un empresario torpe y no un idiota que firmó con criminales? González bajó la mirada. —No podía decírselo. ¿Cómo

