CAPÍTULO 39 - Lesionado

1630 Palabras

Esa noche no lloré por la rabia causada por los celos. Una descarga de rayos y truenos azotó los alrededores, la brisa aullaba amenazando con una gran tempestad, mientras me cambiaba la ropa y buscaba la camisola para dormir. —tomé la primera que había en el armario. Era la misma que mi madre me dio para la noche de bodas, la dejé de nuevo en su lugar, tomé otra. Me arrodillé a orar, debía sacar ese sentimiento de ira del alma, aferré mi amuleto pidiéndole a Dios sosegar mi enojo, y poco a poco una paz recorrió mi interior. Los truenos fueron disminuyendo, comenzó a caer una suave llovizna. Pude quedarme dormida con el arrullo de las gotas al caer en el techo, sumergiéndome a un sueño profundo. Luego me encontré volando, siendo espectadora de una búsqueda por varios hombres del pueblo, Ed

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