CAPÍTULO 9 - Castigada

1607 Palabras

No pude seguir con el bordado, tomé la llave de mi ridículo y abrí el baúl, donde guardé el medallón que el padre me había entregado, era muy bonito, no muy grande, se le podía poner una cinta y llevarlo colgado. Lo miré con detenimiento; en el centro tenía grabada una extraña flor muy bien tallada en alto relieve. En general el obsequio fue de todo mi agrado, no entendí lo que dijo sobre; ya era hora que lo tuviera su dueña. Lo dejé en el tocador, tomé el baúl secreto, ahí guardo mis pertenencias invaluables, pensé en guardar el medallón ahí, pero me arrepentí. Era mejor tenerlo siempre conmigo, saqué lo único ahí escondido. Mi diario, me senté en el escritorio con vista al balcón, suspiré y redacté lo sucedido, necesitaba dejar plasmado los extraños sucesos del día, debía escribirlos

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