CAPÍTULO 29 - Preparación

1849 Palabras

—Manuela, lo concerniente a los hermanos D’Montecarlos es muy extraño. —mordí el labio—. Pero son los extraños más maravillosos, no me interesa lo que sean, amo a Antonio. —Nos miramos y soltamos la risa al comprender las majaderías que decíamos. —Yo también amo a Eduardo. —Mi madre ingresó con Úrsula y varios utensilios en una cubeta. —Buenos días, hijas. Para ellos mi prima era una hija más y así se lo hacían sentir, la adoraban. Lo mejor es que ese sentimiento era correspondido. —Buenos días, madre. —respondí. —Buenos días, tía. —Úrsula, llena la bañera, pon los pétalos de rosas en el agua para que suelten su fragancia, después del desayuno, debes verter el agua caliente. Miré a Manuela, ella tenía la expresión de «¿mi tía que hacía?» Úrsula la obedeció, la escuché en el lavado h

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