Se sonrojó, se dirigió al lavado. Salió con su tradicional traje de domador, Clementina llegó a ayudarme a bañar a María Ángel, cuando mi pequeña quedó arreglada me la entregó. —Listo mi señora. —Quedaste preciosa. —dije cargándola. —Bañaré a los jóvenes y me iré a ayudar a la señora Manuela. —No te preocupes. Yo baño a los niños, tu ayuda a mi prima. —No, mi señora. Esa es mi responsabilidad. Usted me ayuda con lo concerniente a la casa y en la cocina. —Bien… no me regañes. —sonrió. —Creo que son los años, espero dejar lista a Clara en mi reemplazo. —¿Cansada? —Señora, he caminado en esta vida por más de trescientos cincuenta y cinco años, es hora de un merecido descanso. —¿Y, tu aprendiz? —Le falta poco, cuando esté lista me perderé un año viajando. —No te he dado permiso,

