En cuanto entro a la habitación, lo primero que hago es dejar todas las bolsas en la cama y busco dentro de todas ellas mi bolso. No pasa mucho tiempo cuando lo encuentro en la tercera bolsa y, sin perder tiempo, busco dentro de mi móvil. Me siento desesperada. Quiero oír su voz, quiero oír que me diga que está bien. Me dejo caer en la cama otra vez con el móvil cerca de la oreja y cuando su dulce voz se oye del otro lado, sonrío sin poder evitarlo. —¿Por qué no estas dormida, Kas? —Te prometo que ya estoy a nada de hacer justo eso —le digo, sintiendo el escozor en los ojos. Oírla bien, es algo que me alegra el alma—. Solo quería escuchar tu voz antes de irme a dormir. Ella no necesita saber que estoy aparentemente secuestrada por el esposo de Odette. —Me extrañas, ¿verdad? —Demasia

