Recuerdo la rabia que sentí cuando Nicoll me mostró esas fotos, informándome una vez más que Odette haría de las suyas en cualquier momento. Todo mi cuerpo se tensó, la rabia me invadió y unas inmensas ganas de acabar con esto se apoderaron de mí, porque las últimas dos chicas que envió para que me sedujeran, también desaparecieron al fallarle. Y sabía muy bien dentro de mí, que esa chica de rostro pálido y mirada cansada que estaba en esa cafetería conversando con Odette, acabaría igual que las demás. No debía importarme la vida de una mujer desconocida. Kasia, al igual que las anteriores, debió interesarme un carajo. Lo que hiciera Odette con ella, lo que le sucediera, no era algo que debía atormentarme. No soy un hombre sin emociones, por mucho que parezca que sí, pero cuando descubr

