Cansada de mi descarga emocional, decido salir del auto al fin. Apago el motor un poco ensimismada. El hecho de que me haya descargado contra un volante, no significa que me sienta de buenas. Tomo mis cosas y salgo del auto. El estacionamiento está solo. No es para menos, es un poco tarde. Las luces blancas y frías, no ayudan nada en mi estado de ánimo. Apresuro el paso hasta el lugar donde está Víctor, uno de los guardias de seguridad de esta zona subterránea. Lo saludo con una leve sonrisa y un gesto de mano. Me cae bien, suelo detenerme para darle las buenas noches, pero en este instante lo único que quiero es llegar al pent-house. Quiero quitarme los tacones. Quiero quitarme este vestido. Y quiero una ducha caliente dentro de esa deliciosa tina para relajarme como se debe. Entro al

