6.Restricciones injustas
«Va a besarme».
Realmente deseaba que lo hiciera, sería lo único que me elevaría el ánimo estando en este lugar de mierda, sin embargo, él dio un paso atrás alejándose de mí y evitando mi mirada, mientras aclaraba su garganta dejándome completamente conmocionada…
—Cierra al salir —murmuró caminando hacia su escritorio.
«¿Que creíste estúpida, que iba a besarte? No le gustas».
Miré las cámaras alrededor, ¿acaso lo hizo por eso?, ¿o porque no le gustaba? o ¿porque era menor de edad? Tenia demasiadas preguntas sin respuestas y en todas estaba el recuerdo de la cara de Justin cerca de mí a punto de besarme.
—Okey —susurré tomando los libros, dándome media vuelta y saliendo de ahí, sintiendo mis piernas temblorosas, lo más curioso de todo era que él no alzó la vista hacia mí, únicamente estaba escribiendo cosas en su libreta fingiendo estar muy ocupado.
Raro.
¿Acaso si le había afectado? ¿si había sentido lo mismo que yo? Esa atracción no podía estarla sintiendo yo sola, había sido muy intenso como para haberlo pensado solo yo.
Al regresar a mi celda, mi nueva amiga de ojos verdes llamada Kate me contó que habían tomado medidas contra Odra la habían encerrado en la zona X; la zona X por lo que me contó, era un área de aislamiento por 3 días donde apenas te daban de comer y un poco de agua, al menos tenia algo de justicia, esa chica realmente debía de estar mal de la cabeza si por un accidente tan inofensivo quería asesinar a una persona.
A partir de ahora tenía que irme con más cuidado.
Comencé a leer los libros de medicina que Justin me había dado, me parecía cada vez más interesante estudiar las enfermedades y todo lo relacionado con el ser humano, esto era lo que quería, quería dedicarme a esto el resto de mi vida.
Definitivamente sentía que algo había cambiado ahora que había hablado de lo que le había ocurrido a Erick; mi hermano, creo que ahora, además de tener más confianza con Justin, sentía que se había ganado un buen lugar de respeto, y de mi corazón, solo esperaba no confundir las cosas.
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Algo vacilante observé alrededor mientras tomaba mi bandeja de comida, no quería otro incidente, mucho menos cuando ya habían pasado 3 días y por fin habían liberado a Odra, muchas intentaban hacer una especie de terror psicológico diciéndome que ella vendría por mí a tomar venganza, pero Kate me decía que solo querían asustarme, sin embargo, podía ver en su mirada algo de desconfianza, cosas que me ponía intranquila.
Con chicas con problemas de ira era mejor mantenerse al margen.
—Allá. —dijo Kate con una inclinación de cabeza hacia una de las mesas al extremo más alejado del comedor, llámenme extremista, pero ni siquiera hice ni intenté hacer contacto visual con ninguna de las otras chicas que se encontraban desayunando.
Un consejo de Gina, la chica de cabello rubio, las chicas de nuestra celda nos habíamos vuelto un poco más unidas, el día anterior Blue; la chica de cabello azul tenía la menstruación y estaba sensible por lo que comenzó a contarnos que tenía un bebé que extrañaba mucho en casa, pero estaba en el reformatorio porque la atraparon vendiendo droga en el instituto, otra de ellas llamada Steph tenía una historia de violencia y prostitución donde muchos hombres abusaron de ella y ella en venganza robó sus cosas y quemó sus casas; afortunadamente no hubo muertos pero sí heridos. Sin embargo, definitivamente la historia de Kate fue la que me impactó más.
Kate era modelo de bikinis desde sus 10 años, a las 14 comenzó a salir con un hombre mucho mayor que ella, pero sin duda muy adinerado, sin embargo, ese hombre no estaba en negocios legales, y en un viaje le pidió a Kate que llevara sus maletas, ella no tuvo problema, solo que ella no sabía que él la estaba usando de mula de carga, la policía la detuvo y revisó que tenia la maleta llena de droga, así que al ser menor de edad no tuvieron más opción que meterla al reformatorio.
Yo fui la única que no hablé, no quería hablar de lo estúpida que fui.
Tomamos asiento en la mesa que Kate eligió y yo revolví el puré con mi tenedor sintiendo que iba a vomitar, ya llevaba todos estos días sin comer nada, sentía que había bajado varios kilos.
—¿Cómo terminaste aquí? —Preguntó Kate de repente comiendo la fruta como si estuviera fresca y no negruzca.
Mordí el interior de mi mejilla, esa pregunta era la que estaba tratando de evitar por la vergüenza que me creaba ser así por el simple hecho de ser estúpida.
—Claro, si es que quieres decirme —continuó Kate posiblemente al ver mi rostro poco convencido—. No voy a juzgarte, después de todo, todas en este lugar de mierda hemos cometido el pecado de ir contra la ley a temprana edad y ser atrapados por la policía.
Desgraciadamente, pero si la ley no se cumpliera solo viviríamos en un mundo donde no habría justicia, ni leyes, ni nada.
—Creo que todas nos arrepentimos de lo mismo preguntándonos por qué fuimos tan estúpidas como para haber hecho eso, o… —dije levantando mis cejas con decepción— confiar en las personas equivocadas.
Kate afirmó con la cabeza y tomando una profunda respiración.
—Imaginé que tú tampoco habías hecho algo por tu propia cuenta —comentó Kate con una leve sonrisa—. No pareces el tipo de chica que se mete en problemas.
¿Qué no parecía? Creo que era precisamente por eso que me metía en tantos problemas, nunca sospechaban de mí, de la hija del alcalde.
—¿Por eso me hablaste? —dije con una débil sonrisa— ¿Por qué parecía inofensiva?
—Sí. —Kate soltó una leve carcajada— Quería encontrar alguien con quien pudiera hablar sin que quisiera darme una mala contesta o golpearme cada dos segundos.
Me reí y terminamos de comer para volver a las celdas, busqué mi cepillo de dientes y fui al cuarto de baños, no quería salir con los dientes llenos de caries de aquí, me lavé el rostro asegurándome de estar al menos presentable, otra vez tendría mi consulta diaria con Justin, era lo único bueno que había encontrado en este lugar.