20.Volver a verte. Todo era muy extraño. Volver con mis padres, la institutriz, las clases… todo se había vuelto diferente, extraño, claro que, me mantenía ocupada, pero una mente ocupada no era sinónimo de un corazón curado. Mi corazón ardía porque no lo había vuelto a ver y probablemente nunca lo vería otra vez. —¿A dónde vas? La voz de mi mamá me hizo detenerme en la puerta, cuando tenía la mano en la manija y me voltee hacia ella. —Necesito un respiro —admití, desde esta semana que había llegado habían sido para ponerme al día en un intensivo de vacaciones con mi institutriz para finalizar mi ultimo año, además de que no había salido, sentía que en vez de estar en un reformatorio estaba ahora pagando condena en mi casa. —Vale, pero no llegues después de las 5 —dijo mi madre, mi

