MADISON —Llama a quien quieras, no me importa. De todas formas, vienes conmigo. —Se acerca para agarrarme del brazo. Empiezo a sentir tanto miedo, que retrocedo. —Le voy a pedir el favor que se retire —digo firmemente. Luego, paso a pedirle a la recepcionista, que me mira con preocupación, que llame a seguridad. La mujer toma el teléfono entre sus manos temblorosas y obedece. La expresión de Joseph cambia por completo, sus azulados ojos se oscurecen, dando paso a revelar el odio y el enojo que tiene por la situación. Los empleados susurran a mis espaldas. —¿Y ese quién es? —pregunta una voz de mujer. —Seguro el amante —murmura otra a su lado. Lo suficientemente alto, como para que yo la escuche. Me giro y las fulmino con la mirada. Viejas chismosas. Sin darme cuenta, el hombre se

