MADISON El sol cae con suavidad sobre el horizonte mientras Christian maniobra el volante hacia una pequeña isla privada. El motor de la lancha se apaga lentamente, dejando que el sonido del mar y las gaviotas llenen el silencio. Me froto las manos nerviosamente. Este lugar parece salido de una postal: aguas cristalinas, una playa de arena blanca y una casa que se alza con elegancia justo frente al mar. —Bienvenida a tu paraíso temporal —dice Christian, con una sonrisa que, lo admito, es contagiosa. Me quedo en silencio, asintiendo con la cabeza mientras observo la casa. Es moderna, con grandes ventanales y una terraza que parece ideal para noches bajo las estrellas. —¿Por qué me trajiste aquí? —pregunto finalmente, girándome hacia él. Christian baja las maletas de la lancha con facil

