—Zorra. Rechina los dientes, odia el estúpido insulto. —Gracias— modula exageradamente y levanta el dedo medio en su dirección. Massimo se carcajea, el sonido ronco y viril provocándole un escalofrío que ella hizo pasar por el frio de la piscina. Se niega a cualquier emoción que le cause Massimo que no sea odio o repulsión, pero ahora que esta mojado, la camisa pegada a su pecho firme, a sus hombros anchos y brazos musculosos es difícil controlar el calor que se acumula entre sus piernas. No es su apariencia estereotípica viril, es su cabello rubio cayendo sobre sus ojos, sus labios tirando en una media sonrisa, lo relajado que parece por un segundo. Tan absorta está con su imagen, que no se percata de que Massimo nada hacia ella con movimientos briosos hasta que lo tiene demasiado cer

