Los fuertes golpes propinados a su puerta fueron los culpables de que Pauline despertara con un pésimo humor. Quien fuera la persona que estaba golpeando la puerta tan desesperada, tendría que afrontar la molestia de Pauline Lanilis. La chica se cambió la pijama y se cepilló rápido el cabello, acto seguido salió de su habitación y se encontró con Christopher caminando tranquilamente hacia la puerta, al parecer él se había quedado a dormir después de la noche de películas. —Suelta esa perilla, pelirrojo, yo me encargo de lo que pase en mi casa —ordenó Pauline mientras caminaba hacia la puerta, donde dos sombras continuaban aporreando para poder entrar. En cuanto abrió, dos hombres que parecían medir dos metros ingresaron a la casa de la chica y comenzaron a moverse por todas partes como

