Llegamos a la vieja nevería que se encontraba solo a unas cuantas calles del estudio. Inmediatamente pedí un helado de pistache con napolitano y me senté en uno de los asientos, mientras hacía una seña a los demás para que tomarán asiento a mi lado. Valeria lucia algo nerviosa y eso me dio la sensación de estarla incomodando, por lo cual termine sintiéndome mal por ella. Sin embargo, Pedro se encargo de incluirla en nuestra conversación haciéndolo ver forma casi natural. Poco a poco, la chica fue desenvolviéndose más y más, logrando sonreír con mayor naturalidad y emoción. Eso me alegro sobre manera. Pedro se ofreció amablemente a llevarnos a nuestras casas. Fue una sorpresa para mí, el saber que Valeria era del mismo sitio que yo y que incluso, vivía muy cerca de mi casa. Ambas decidimo

