Eran las cuatro con treinta minutos. Faltaba poco para que Eddie llegará y Sophia aun no me dejaba salir de la habitación hasta que no estuviera “mágicamente perfecta”. Gael se había quedado en la sala junto con Eva y Nina quienes no perdieron la oportunidad de burlarse de él por los acontecimientos. El tiempo continuaba avanzando y yo me moría de nervios pues sentía que mi adorada prima no se estaba dando prisa en embellecerme. De pronto se escuchó el timbre de la puerta y mis nervios se intensificaron. Sin embargo, Sophie tenía todo bajo control. Se alejó un poco de mí, observando su obra y sonrió orgullosa de esta. Después me dio la vuelta para que pudiera observar mi reflejo en el espejo. Lo que vi me gustó. Sophie había alaciado mi rebelde cabello y lo había mantenido quieto con u

