NO TE PREOCUPES, SÍ TU FAMILIA TE DA LA ESPALDA, ¡YO SERÉ TU FAMILIA!

3069 Palabras
Ahí estaba, sentada a la mesa, justo frente a aquella chica, cuyo rostro reflejaba el cansancio y la ira acumulada. La pequeña niña, jugaba en el patio con el perro de mi vecino, mientras, en la habitación el aire se sentía pesado. Mi familia no era capaz de decir, ni hacer absolutamente nada. Aquella chica y yo, sosteníamos una feroz batalla de miradas, la cual, me negaba a perder. Sin embargo, el tiempo continuaba transcurriendo y sabía que no podía quedarme por siempre sin decir nada. Ella comenzó analizarme con la mirada, observándome de arriba abajo con burla. No aguanté más y golpeé la mesa con las manos para tomarla por sorpresa. Ella levantó la mirada hacía mi rostro. ─¿Vas a decirnos de buena vez, ¿a qué demonios has venido? ─pregunté tratando de modular la voz. Maggie enarcó una ceja y cruzó los brazos y las piernas. ─Creí que era obvio ─respondió de forma altanera─, mi hija necesita que la familia de SU PADRE, tome la responsabilidad, que él no tomó. ─¿Su padre? ─exclamé, mientras la imitaba y cruzaba los brazos dejándome caer en el respaldo de la silla─ ¿Qué demonios te fumaste, niñita? ─la chica rio por lo bajo. Se acomodó en el asiento, de tal manera que pudo quedar frente a mí. ─En serio que eres estúpida. ¿De verdad creíste que nada pasaría entre un chico de 16 y su novia? ¡Por favor, querida, deja de ser tan mojigata! ─esta vez, fui yo quien rio por lo bajo. ─Soy consciente de lo que puede pasar con una pareja de jóvenes, pero, siendo realistas, Ness tenía mejor gusto en este tema ─señale, mientras la apuntaba con el dedo, de arriba abajo. Mi comentario la hizo enfurecer, de tal manera que se puso de pie, recargando las manos sobre la mesa para acercar su rostro hacía mí. ─¿Cómo te atreves a hablarme así? ─¡Oh, perdón! ¿te ofendí? ─comenté con burla. Sin embargo, la chica supo mantener la calma. Hizo una media sonrisa, similar a la que solía hacer Ness y se dejó caer en el asiento, cruzando los brazos, viéndome con hipocresía. ─Creo que, no he sido muy compresiva contigo querida. Entiendo que esto sea difícil de procesar para ti, después de todo, siempre estuviste enamorada de él. Debe ser difícil descubrir que su exnovia pudo acostarse con él, cuando tú, ni en sueños pudiste hacerlo ─. Aún no terminaba de hablar, cuando ya me había puesto de pie y de una bofetada la había mandado al suelo. Mi familia trató de controlar la situación, pero ya era tarde. Me había ido sobre ella, golpeándola sin piedad. La ira me cegaba e impedía que la cordura me hiciera entrar en razón. Maggie respondió al ataque, tomándome del cabello, (maldito truco barato) pero yo no tenía tiempo para perder con esos jueguitos. Estaba por propinarle un golpe en el estómago, cuando su hija entró en escena. Verla, me hizo parar. Se encontraba llorando en silencio, mientras sus enormes y brillantes ojos observaban la escena con miedo. Algo dentro de mí, me hizo llegar a pensar que aquella pequeña, de verdad era la hija de Ness. Me detuve y la observé un instante. Era tan pequeña y su apariencia, era la de un ser indefenso y frágil. No me sentí capaz de permitir que continuara llorando por la idiotez de mis actos. Me puse de pie y le tendí la mano a su madre, mientras con la miraba le ofrecía una tregua. ─¿Madre, podrías llevar a la niña afuera? ─comenté sin quitarle la vista a la chica. Mi familia comprendió lo que pretendía y cada uno de ellos, fue saliendo en silencio, dejándonos solas. Maggie se limpió el labio, pues de este, había brotado una gota de sangre─. Debería de pedirte disculpas, pero no lo haré ─le dije, aún con enfado. Ella rio con sarcasmo y nuevamente tomó asiento. ─Entonces, digamos que estamos a mano ─respondió, mientras extendía la mano frente a mí, mostrándome un pequeño mechón de cabello que me había arrancado. Me burle un poco, mientras apartaba la mirada. ─Eres una perra ─exclamé casi entre dientes, mientras tomaba asiento frente a ella. Alcé la vista y la observé un rato en silencio. Aquella chica, era muy diferente a la Maggie que conocí en un pasado. Recuerdo que cuando Ness me la presentó, llegué a sentir unos celos inmensos, pues aquella chica, además de ser hermosa, irradiaba una luz única y singular. Era amable, educada y poseía un porte elegante y fascinante. Sin embargo, la chica que estaba frente a mí aquel día, era por mucho, muy diferente a aquella chica que conocí. Su rostro reflejaba el cansancio de una nueva madre. Las noches en vela que, me imagino, debió de haber pasado desde el nacimiento de aquella pequeña niña. Su cuerpo aumentó el peso, casi al doble de lo que recordaba y aquel porte que antes la acompañaba, se había esfumado. Recuerdo que durante el noviazgo que mantuvo con Ness, me comporté como una niñita malcriada y provoqué diversas peleas entre ellos. Debo admitir, que al recordar aquello, me sentí un tanto culpable, por lo que bajé la cabeza discretamente. ─¿Cómo se llama la pequeña? ─pregunté para romper el hielo. ─Valentina ─me respondió ella, sin quitarme la mirada de encima. Sentí un poco de lastima, tanto por la niña, como por ella. Sin embargo, la cordura, poco a poco estaba regresando a mí y mi mente estaba comenzando a calmarse por fin. Alcé un poco la vista y la vi directamente a los ojos. ─Ella no es la hija de Ness, ¿por qué mientes entonces? ─le cuestioné tomándola por sorpresa. Sabía que, al hacerlo, podría descubrir si me decía la verdad, o solo estaba jugando conmigo. La chica abrió los ojos de golpe y no supo cómo responder a mi pregunta. Yo sonreí por dentro, pues me di cuenta de que estaba actuando como solía hacerlo mi adorado amigo. Trate de no demostrar ninguna clase de expresión en el rostro y de mantener la calma para poder ganar aquella batalla─. Si no me quieres contestar, podemos hacer las cosas más fáciles ─comenté mientras volvía a recargarme en el respaldo del asiento─, una simple prueba de ADN podría darnos la respuesta que queremos. Maggie apartó la vista y, pese a que traté de no prestarle atención, pude darme cuenta de cómo una lágrima escapaba de sus ojos y caía al suelo. Algo no estaba del todo bien. Los papeles cambiaron y aquella ira que sentí en un principio, se esfumó y en su lugar, un nudo comenzó a formarse en mi pecho. No esperaba para nada aquella reacción, pues su rostro no reflejaba molestia o miedos, sino vergüenza. Me acerqué a ella y la tomé de las manos. ─¿Qué fue lo que te hicieron? ─pregunté al azar. Ella me observó con miedo, tragó saliva con dificultad y luego jaló de sus manos, llevándoselas a la cara. Me hinqué frente a ella, tratando de limpiar sus lágrimas─ ¿Quién fue? ─cuestioné─. Te prometo que ni mi familia ni yo te vamos a dejar sola en esto, pero, por favor, dime ¿Quién ha sido? Sin embargo, la chica no dejaba de llorar, de manera que me puse de pie y tomé un vaso con agua, para ofrecérselo, no sabía en qué podía ayudarle eso, pero no tenía muchas opciones a la mano. Me quedé en silencio a su lado, esperando que se calmara. Gracias al cielo no pasó mucho para que eso ocurriera. Respiró hondo, mientras de vez en cuando daba un pequeño trago al vaso de agua. ─Cuando Ness y yo terminamos, Carime se acercó de inmediato a él y eso me molestó mucho. Siempre creí que la única persona por la que aceptaría que me cambiara, serías tú. Pero verlo junto a ella me dio demasiada rabia. Traté de buscarlo, pero su hermana me dijo que él se había marchado. Aquella tarde, después de buscarlo, me encontré con Carime y Nahúm… y contigo. Vi con claridad como discutías con ellos para defender a Ness. Quise ayudarte, pese a que nunca me habías caído bien, pero no pude. Creí que, si tú y Carime peleaban, yo tendría una oportunidad con él, pero me equivoqué ─la chica había comenzado a llorar, mientras yo trataba de limpiar sus lágrimas─. Quise regresar a casa, pero de pronto, un par de tipos me interceptaron y me impidieron el paso. ─No tienes que contarme más ─la interrumpí. Ella giró hacía mí y me sonrió. ─Quiero hacerlo ─me dijo mientras limpiaba su rostro─ ¡Tengo que hacerlo! ─tomó aire y continuo─. No pude ver sus rostros, pero escuché con claridad sus voces. Me llevaron a la parte más alejada del pueblo y, ¿Qué podía hacer una chica tan débil como yo, contra aquel par de gorilas? Traté de defenderme, ¡Te juro que en verdad lo intenté! Pero no pude ─exclamó llevándose las manos a la cara─. Hicieron lo que quisieron conmigo y después me botaron, como si fuera un trapo sucio. Mis padres me reprocharon por ello. Me culparon por haber usado falda aquel día y por haber salido tarde, ya que, según ellos, eso fue lo que me hizo pasar por todo eso. Quise buscar a Ness, porque sabía que solo él, podría ayudarme y darme las palabras de aliento que en ese momento necesitaba, pero, a los pocos días, me llegó la noticia de su muerte. Quise asistir a su funeral, pero no pude. No tuve el valor de decirle adiós. Al poco tiempo, me di cuenta de que estaba embarazada y mis padres me corrieron de casa, pues había manchado su buen nombre. Me fui a la capital a vivir con una tía, luego del nacimiento de Valentina, que creo que fue lo único bueno de toda esta situación. Ahí había estado todos estos años, hasta que hace unos días me encontré con tu prima. ─¿Qué prima? ─pregunté con cuidado. ─La hermana de Ness. ─¿Hablas de Baruca? ─Maggie asintió─ ¿Qué fue lo que te dijo? ─¡Perdóname, Mey! ─me suplicó entre lágrimas─. He tenido que criar sola a mi hija y no tengo a nadie más a quien recurrir. No he podido conseguir dinero y no puedo dejar a Valentina sin comer. ─¿Qué fue lo que te dijo? ─volví a preguntar. Ella bajó la mirada, avergonzada. ─Me dijo que, si fingía que Ness era el padre, tu familia se haría responsable de ella y podría darle una vida mejor. Me puse de pie y me aparté un poco de ella, para tratar de controlarme. Era más que evidente que esa de Baruca perra, estaba empeñada en arruinar mis cumpleaños y vaya que lo estaba logrando. No podía culpar a Maggie por esto, pero tampoco podía caer en el truco de Baruca. Tomé asiento y puse mi cabeza entre las rodillas. ─¡Perdóname! ─chilló la chica. No le contesté, no supe cómo. ─No fue tu culpa ─fue todo lo que pude decir. Me puse de pie y traté de acercarme a la puerta, pero ella se interpuso en mi camino y me tomó del brazo. ─¡Por favor, Mey ¡no le hables a nadie sobre esto! ─me suplicó llorando. Yo giré hacía ella y no pude evitar observarla confundida y, sobre todo, enfadada. ─¿De qué demonios estás hablando? Mi familia tiene derecho a saber sobre esto. ─¡Por favor, Mey! Ya ensucié el nombre de mi familia con esto, si alguien más se entera, la mancha solo seguirá creciendo ─dijo mientras se arrodillaba frente a mí. No aguanté más y me arrodillé junto a ella. ─Escúchame bien, tú no has hecho nada malo. Tú no ensuciaste nada, fue a ti a quien ensuciaron. Fue a ti a quien lastimaron y aquí, la única víctima eres tú. No importa lo que tus padres o la maldita sociedad se atrevan a decir, aquí, los únicos culpables, son esos tipos. No fue culpa de tu falta, ni de la hora, ni de ninguna de esas cosas. Fue culpa de ellos y de nadie más y si a tus padres, solo les importa su apellido, deja que se queden con él, tu ahora tienes una hija, quien sabrá siempre que su madre sí la ama por encima de todo y de todos. Serás mejor madre de lo que tus padres han sido y yo te voy a ayudar en esto. Pero, aún si estoy contigo, no puedo ayudarte yo sola, así que tendrás que dejar que hable de esto con mi familia. ─Pero… ─Te juro que no te vamos a dejar sola, pero, por favor Maggie, no puedes quedarte callada por siempre. La chica, trató de calmarse y limpio sus lágrimas, mientras se ponía de pie. Ambas nos quedamos en silencio un rato, sin saber que decirnos. Esperé a que estuviera un poco más tranquila y le sonreí. ─Tu familia te ha dado la espalda, pero quédate tranquila, mi familia no hará eso. Llamé a mis padres y al resto de la familia, para explicarles la situación. La pequeña valentía había caído rendida luego de pasar la tarde jugando y dormitaba tranquilamente en mi habitación. Mi familia escuchó atentamente el relato, mientras intercambiaban miradas entre ellos. Por un momento, tuve miedo de que aquella situación fuera demasiado para ellos y decidieran mantenerse al margen. Cuando terminamos de explicar lo ocurrido, nadie se atrevió a hablar al momento. El silencio reinó por unos instantes. Sentí miedo, e imagino que Maggie se sentía igual que yo. ─¡Baruca es una perra! ─exclamó mi hermano desde el sillón donde estaba acurrucado. Todos giramos hacia él, pero ninguno respondió al comentario. Era más que evidente que todos estábamos de acuerdo con él. ─Escucha, esto es lo que haremos ─intervino mi padre─, mañana temprano, Ernesto y yo, iremos a hablar con tus padres y trataremos de hacerlos entrar en razón. Mientras tanto, tú tendrás que ir mañana mismo para poner la denuncia correspondiente. ─Pero… ─No tengas miedo ─le dijo mi madre con voz suave─, no te vamos a dejar sola con esto. ─No te preocupes si tu familia te da la espalda ─le dije─, a partir de este momento, nosotros seremos tu familia. Aquella noche, acondicionamos mi habitación para que Maggie y Valentina pudieran pasar la noche ahí. A la mañana siguiente, mis padres nos hicieron despertar muy temprano para ir a la capital a interponer la denuncia correspondiente. Jorge, el esposo de Nina, nos había conectado con uno de sus colegas, quien ya nos esperaba en la capital. Mi padre y mi tío, habían salido desde mucho antes que nosotros y aún no habían regresado. Ayudé a mi madre a preparar el desayuno, mientras Maggie preparaba a la pequeña Valentina, quien dócilmente dejaba que su madre peinara su cabello. Pude notar como los nervios consumían poco a poco a la chica, por lo que trate de acercarme a ella y hacerle entender que mi familia la apoyaría hasta el final. Aunque, era más que comprensible, ya que la situación que estaba por enfrentar, no era cualquier cosa. Me llenaba de ira, el solo hecho de saber que aquella pobre chica, había vivido todos estos años, cargando con una culpa que no era suya. ¿Quién demonios le dijo a la sociedad, que llevar una falda corta, era motivo suficiente para que se nos dictara sentencia? ¿Quién dijo que nuestra libertad termina a cierta hora de la noche? ¿Quién carajos ordenó que la víctima tendría que vivir miserablemente, mientras el victimario goza de la vida como si nada? ¡Pero qué idea tan equivocada tenemos sobre la justicia! ¿Desde cuándo, un apellido vale más que la integridad de una persona? Maggie se había quedado sola, en un punto de su vida en el que, más necesitaba apoyo. No era su culpa, pero todo mundo le había hecho creer lo contrario. No estaba sola, pero su familia la hizo sentir de esa manera. Le hicieron creer que era su responsabilidad, por el simple hecho de ser mujer. Al menos eso nos han hecho creer desde hace años. Esa idea de que todo sería más fácil si fuéramos varones, nos ha acompañado por mucho tiempo. Y hasta cierto punto, tiene algo de razón, pues, casi puedo asegurar, que esto no le hubiese pasado si hubiese sido varón. Nadie la hubiese culpado por vestir como le diera la gana o por andar por las calles a altas horas de la noche. A fin de cuentas, un varón puede hacerlo, ¿verdad? Entonces, dime, ¿por qué está mal que una chica lo haga? ¿vas a decirme escusas ridículas como “es que se ve mal”? ¡por favor! ¿Es acaso que no tienes mejores argumentos que eso? Un chico se ve mucho peor, cuando hace menos a un semejante, por el simple hecho de ser mujer, pero eso, no es algo que a la sociedad le interese. La sociedad es hipócrita y solo vela por su mera conveniencia. Es estúpido. Desde niñas nos enseñan a ser “decentes”, pero también nos dicen que debemos ser “coquetas”. Nos dicen que debemos ser educadas, pero nos cierran las puertas cuando queremos educarnos. Les asusta que lo hagamos, pues nos prefieren ignorantes y sumisas. Estamos obligadas a cumplir con estereotipos que ni siquiera van con nosotras y cuando no seguimos esta regla, se nos juzga por ello. De todo corazón, ¡VAYANSE AL DEMONIO! Antes de salir de casa, hacía la capital, mi padre y mi tío llegaron, acompañados por los padres de Maggie. En cuanto los vio, la chica se ocultó detrás de mí, asustada. Sin embargo, sus padres corrieron hacía ella y la abrazaron entre lágrimas, pidiéndole perdón por todo. No tengo ni la menor idea de lo que mi padre y mi tío dijeron o hicieron para que cambiaran de opinión, pero en verdad estuve agradecida por ello. Fue en verdad emotivo el momento en que aquellos señores conocieron por primera vez a su nieta y la cargaron en brazos. Tener a sus padres cerca, aminoró en gran medida los nervios de la chica y le dio el coraje necesario para enfrentar lo que tenía por delante.
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