Luchando contra lo inevitable Los encuentros furtivos entre Charles y Verónica ardían como brasas en la noche, dejando sus almas en llamas. Cada caricia, cada mirada, era un desafío a la cordura. Sin embargo, los paseos de Charles con Ingrid continuaban según lo acordado por los padres de ambos jóvenes. A pesar de esto, Charles y Verónica encontraban momentos secretos en la penumbra de la noche, junto a la cascada, que se había convertido en su refugio. Allí podían hablar y amarse sin temor a ser descubiertos. Pero lo que no imaginaban era que un giro inesperado del destino alteraría sus planes y decisiones. Charles Íbamos caminando por los alrededores con la señorita Velmont, como todas las mañanas de nuestros paseos. Charlábamos sobre gustos triviales, pero en realidad no era su compa

