Un zumbido me hace despertar repentinamente. Sonrío al ver a la preciosa criatura de cabellera castaña, que está enredada a mi cuerpo con sus brazos y piernas. Ni siquiera me atrevo a moverme. Disfruto viéndola dormir a mi lado, tan relajada y confiada, como si en su mundo no existiera ningún tipo de preocupaciones. Es la primera vez que me siento tan gusto durmiendo en los brazos de una mujer. Y también es una novedad pasar la noche con alguien a la que no he follado. Suelo escapar de mis amantes antes de que el sol aparezca. Quedarse más tiempo de lo necesario solo genera conflictos y crea falsas expectativas. Nuestras narices están cerca, al igual que nuestros labios. Adoro sus pecas y esa preciosa maraña de pelos que está dispersa por toda la almohada. No sé qué me pasa con esta he

