—Atsushi-san. Te amo, seamos novios. — Todas las tardes después del entrenamiento, Yuke y sus hermanos llegaban a su casa, se duchaban y hacían sus deberes. Normalmente sus padres salían tarde del trabajo y se regresaban juntos a su hogar hasta la noche. Y desde que su tío había llegado, Yuke aprovechaba el tiempo en que sus padres no estaban y se pasaba el resto de la tarde en el cuarto de Atsushi. —Yuke… — Atsushi-san lucía incómodo y nervioso. Yuke estaba sentado frente a él, con los libros de su escuela desparramados por el lugar y con la mirada fija en Atsushi. Yuke no esperaba una respuesta satisfactoria, estaba seguro de eso. Pero no dejaría de insistir hasta que Atsushi-san le correspondiera; ya que esta vez no aceptaría una razón estúpida como: “apenas eres un niño y no sabes lo

