Touma observaba la pizarra con fingido interés. El profesor de inglés hablaba muy rápido y decía cosas que Touma no entendía. Y, por si fuera poco, la lluvia era tan fuerte que en ocasiones amortiguaba la voz de su maestro. Touma estaba realmente cansado. El día anterior el entrenamiento había sido tan duro que llegó a dormir a su casa. Se despertó en la madrugada, se bañó e hizo todo lo posible para volver a dormir. Como siempre, no fue sino hasta un par de horas después que logró conciliar el sueño. Su mente estaba llena de tantas cosas que, sumado con el sueño, lo hacían sentir a punto de quedarse dormido de pie. La clase terminó y Touma cayó rendido. Se recostó en el pupitre y cerró los ojos, seguro de que se dormiría en cualquier momento, pero no pudo. El rostro sorprendido de Satos

