Ryu despertó con una resaca terrible. Su cuerpo le pesaba y la cabeza le dolía como si alguien se la estuviera golpeando con mucha fuerza. Las cortinas de su habitación estaban corridas, y supuso que Yuke también se sentía igual de mal que él. Pero, al levantarse ligeramente y pasear la mirada por el cuarto, se dio cuenta que Yuke no estaba ahí. Unos murmullos procedentes del otro lado de la habitación llamaron a Ryu por sorpresa, y reconoció una voz ajena a la de sus padres o hermanos. Con un poco de esfuerzo se puso de pie y salió de su cuarto para pasar al baño. Caminó lo más silenciosamente que pudo puesto que no quería que nadie notara su presencia, y cuando se vio en el espejo del lavamanos, se asustó de la cara de mierda que tenía; parecía como si la noche anterior hubiera sido la

