Pasé dos días tres descansando o tratando de hacerlo, cada vez que la tristeza me quería invadir pensaba en mi familia y en mucho que a mi madre le dolería saber por lo que estaba pasando. Eso se convirtió en mi mantra, pensar en mi madre llorando evitaba qué cualquier tipo de tristeza y pensamiento absurdo sobre Karen se apoderará de mí. También aproveché el tiempo para hacer negocios, no hay nada mejor que hundirse en el trabajo, pero después tomé conciencia y supe que este era un alivio temporal, necesitaba buscar una solución definitiva para no correr a sus brazos. Quería que Allah me diera una señal para no volver a actuar por impulso y aunque parezca loco, llegó en forma de correo, el señor Al Qasimi me había escrito porque sabía que había vuelto al país, quería reunirse conmigo. Leí

