-¡Señorita, señorita!- le grita la chica del servicio mientras ella está sentada al inicio de la escalera llorando amargamente.- ¿qué le ocurre? -Llama. . . llama a Johanna por favor- le dice gimiendo- dile que la necesito. -Lo que usted diga, señorita- responde preocupada- quizás lo mejor sea llevarla a su habitación. Cuando Johanna llegó, subió corriendo las escaleras angustiada por llegar a la habitación de su amiga. La chica del servicio había dicho que Vivian estaba mal y la necesitaba, nada más. Aquellas palabras la habían llenado de una angustia terrible, y sin pensarlo si quiera se había enrumbado a casa de Vivian. Cuando entró a la habitación la encontró abrazada a la almohada llorando y gimiendo desconsolada. ¿Qué rayos había ocurrido? ¿Quién demonios le había causado se

