Cᴀᴘɪᴛᴜʟᴏ 6

1823 Palabras
Diviso mi casa a apenas unos metros de distancia y no puedo evitar sorprenderme por haber llegado ya. Me he pasado todo el camino encerrada en mis propios pensamientos y ni siquiera me había dado cuenta de que había acortado tanto la distancia. Entro todavía con la mente en otro lugar cerrando la puerta a mis espaldas sin preocuparme demasiado por el ruido que causa. Me encamino hacia mi cuarto cuando un carraspeo me detiene. Mi piel se vuelve pálida sin necesidad de girarme porque ya sé quien me está llamando. —¿Se puede saber por qué no está la comida hecha? No sé muy bien si lo que me causa el escalofrío es esa voz gélida que me anticipa lo que va a ocurrir o el reflejo de sus ojos verdes, idénticos a los míos. —Te recuerdo que si aún te permitimos estar en esta casa es únicamente para que trabajes. Ni has hecho la comida, ni has lavado la ropa de tu padre, ni has hecho las tareas de tu hermana. ¿Se puede saber por qué te tenemos aquí si no nos sirves para nada? —Yo... Me es inútil intentar justificarme porque un golpe seco cae sobre mi mejilla antes de que pueda siquiera empezar la frase. Me encojo automáticamente esperando un segundo golpe mientras noto esa parte que ha recibido el impacto palpitar con fuerza. —¡Quiero la comida en quince minutos! ¡No me hagas llamar a tu padre! No por favor, él no pienso asustada viendo como deja la habitación. Puede que esa persona que se hace llamar mi madre prefiera los abusos verbales y que sus golpes no son excesivamente dolorosos, pero mi padre tiene demasiada fuerza. No quiero volver a acabar con el labio roto y un rostro cubierto de morado. Mi cuerpo no se relaja hasta que no la veo desaparecer del todo. Sin esperar más encamino mis pasos hasta la cocina prácticamente corriendo. No quiero perder más tiempo y sufrir las consecuencias por ello, por lo que me apresuro a preparar las cosas que necesito. Mis manos se mueven por si solas sin que yo sea demasiado consciente de lo que estoy preparando. Necesito tomar unas cuantas bocanadas de aire en el proceso para recordarme que solo necesito esperar unos meses más. Solo unos meses de nada y entonces podré ir a la universidad y librarme de todo. Nadie me molestará entonces, aunque lo merezca. El tiempo se agota pero para mi alivio la comida ya está preparada por lo que dirijo mis pasos a la mesa para colocar los cubiertos, platos y demás antes de que bajen. Tal y como cada día divido la comida en tres platos, sirvo vino en la copa de mi madre, cerveza en la de mi madre y agua en la de mi hermana. A continuación me retiro a la cocina esperando que terminen de comer para poder alimentarme con lo que quede. Daría lo que fuera por una vida normal. ●●● Tarareo suavemente una canción mientras espero con impaciencia a Ilian disimulando como puedo el nerviosismo. Puedo observar como en el fondo del parque un grupo de chicas aparentemente perfectas ríen en grupo. Todas son preciosas a su manera y perfectamente arregladas, aunque hay una en especial que destaca. Sonreír siempre hace a una persona más atractiva, tal vez por eso siempre ve siento vacía al observar mi reflejo. Empiezo a compararme con ella sin saber el porqué. El resultado es penoso. Ella tiene la cara impecable, yo casi siempre seca o sucia. Su pelo rubio con perfectas ondas le llega por debajo de los hombros, parece brillante y fuerte, sin ningún pelo fuera de lugar y mi común pelo marrón que me llega cinco dedos por encima de la cintura se ve como yo, apagado y sin vida. Va maquillada en exceso y eso profundiza sus facciones y sus largas pestañas, que hacen ver increíbles a sus bonitos ojos celestes; yo no uso más que una simple barra de cacao de naranja y mis dos gemas verdes siempre parecen agotadas. Su ropa está impecable, sin una arruga y marca muy bien sus curvas mientras que la mía es vieja y tengo suerte de que no esté rota. — Esa de allí es Clara— me sorprende Ilian deteniendo mis pensamientos. Sigo la dirección que me señala su barbilla de manera disimulada arrojando mi ánimo a la basura al instante. Es ella. La chica que parece ser perfecta. No debería sorprenderme porque siempre las prefieren a ellas, preciosas y radiantes. Ilian no iba a ser la excepción. — No me extraña que la intentes poner celosa, es muy guapa.— comento sinceramente. — Sí que lo es. Estoy tentada a zarandearlo de un lado a otro para que sus dos neuronas hagan contacto y deje esa estúpida sonrisa pero no me muevo. Quiero engañarme diciendo que es porque no entiendo que es lo bueno que tiene enamorarse pero sé que esa no es la razón. Levanta la mirada del suelo y recorre el parque con ella hasta dar con un carrito móvil de helados con un rechoncho vendedor. Dibuja una pequeña sonrisa sobre su rostro y lo señala con la cabeza haciéndome una pregunta silenciosa. Necesito un poco de tiempo para volver a poner una máscara sobre mí por lo que asiento con otra sonrisa antes de empezar a caminar en esa dirección junto a él. Me frena cuando ni siquiera me ha dado tiempo a avanzar pareciendo verdaderamente incómodo. Evitando mi mirada con una mueca, se posiciona delante mía. No entiendo que quiere hacer hasta que me empieza a arreglar la ropa sacudiendo las arrugas y pasando sus dedos entre las hebras de mi pelo unas cuantas veces para peinarlo. Acomoda mi chaqueta y la cierra para que no se vea mi fea camiseta con un tonto logo. Me sonríe entonces satisfecho con el resultado cogiéndome de la mano antes de andar hacía la heladería. Mantengo la mirada en el suelo intentando ignorar esa punzada que acaba de atravesar mi corazón. No puedo culparlo por avergonzarse de mí, al fin y al cabo yo también lo hago. Pido un helado de caramelo después de que él elija uno de frutas del bosque y nos sentamos en una banca cercana al grupo de Clara para comerlos con tranquilidad. A pesar de estar manteniendo una conversación no me es complicado percatarme de que se pasa más tiempo mirando de reojo al grupo de chicas que estando pendiente de mis palabras. — Bueno, ¿Te parece normal que todavía no me sé tu nombre?— suelto una carcajada al darme cuenta de que es verdad mientras niego con la cabeza.— Venga, no hay nada que me interese más que saber tu nombre. Apoya la cabeza en la mano a la vez que su codo reposa en el banco mirando en mi dirección con atención. Se ve tan infantil que no puedo evitar reír de la estampa. — Pues me llamo A...— una dulce voz me interrumpe. — Hola Ilian. ¿Qué tal estás? Es ella. Veo como sus ojos adquieren un brillo extraño antes de girarse en su dirección haciéndome sentir como una intrusa. Parece que después de todo mi nombre no es lo que más le interesa a pesar de sus palabras. Solo se trata de mi estúpido nombre, no puedo culparlo porque no le interese. Antes de que pueda percatarme de lo que está ocurriendo comienzan a hablar mientras ríen haciéndome a un lado al hacerlo como si yo no estuviese delante. Ni una palabra, ni una mirada, nada. Es como si no existiera. Intento disimular mi incomodidad desviando mi vista alrededor. Me siento como si los que estuvieran saliendo fueran ellos mientras yo soy un simple estorbo. Un mensaje llega a mi teléfono dándome una excusa para distraerme por lo que me apresuro a mirarlo. No es nada importante, tan solo un mensaje anunciando que mis datos han llegado a su fin. Se me ocurre una idea y parece que mi cabeza entera brilla de la emoción. Sonrío de manera disimulada y al momento resoplo fingiendo fastidio. Me mosqueo cuando me ignoran y lo vuelvo a intentar esta vez algo más fuerte, pero siguen a lo suyo. Ahora sí que me siento invisible. Toco el hombro de Ilian un par de veces antes de que me mire fastidiado, aunque intenta ocultarlo de una manera bastante penosa. — ¿Qué pasa, nena?— pregunta de manera dulce. La cara de la chica es graciosísima y por un segundo me gustaría sacar el móvil para inmortalizar el momento. Seguro que no tenía ni idea de que yo era su "novia". ¡JA! ¡Toma esa chica perfecta! Intento reprimir la risa y me pongo seria. — Mi madre me ha mandado un mensaje, tengo que volver a mi casa para ayudarla en algo.— respondo falsamente triste. Me merezco un Óscar. — ¿No puedes quedarte un ratito más? —¡¡pero si no me estás haciendo ni caso!! quiero gritarle. En vez de eso hago una mueca y niego con la cabeza lentamente.— Venga, solo cinco minutos.— ruega de manera tierna. Solo por ese adorable puchero quiero decirle que me quedaré y que mi madre puede irse al diablo. Porque el mensaje era falso, claro. — Ilian déjala irse, no queremos que la regañen.— dice Clara acercándose por detrás y apoyando su cabeza en su hombro mientras lo rodea con los brazos. ¡Que no se note que me está echando!— No te preocupes niña, — ¿niña? ¡Pero si tenemos la misma edad! ¡Por qué no use maquillaje o tacones no significa que sea un cría! — yo cuidaré de él.— intenta convencerme. Yo ya estoy flipando cuando besa castosamente su mejilla para después verme con una sonrisa inocente. Este asiente no muy convencido pero se le olvida cuando Clara vuelve a apoyar la cabeza en su hombro. Otra vez vuelven a hablar animadamente sin hacerme ni caso de personas que no conozco o de situaciones que no he vivido. — Adiós cariño.— me despido de Ilian. Este parece no enterarse porque está embobado mirándola mientras parlotea. Sin embargo ella sí que se ha dado cuenta, lo sé por su sonrisa burlona. Me alejo cabizbaja y derrotada. Es duro aceptar que ni siquiera esa persona que es tu pareja, aunque sea falsa, no le molesta la idea de deshacerse de ti a la primera de cambio. Me abrazo a mi misma intentando protegerme en un intento que no sirve de nada. No puedo seguir cogiéndole cariño porque acabaré mal, y eso es algo que mi cerebro no parece comprender. Saliendo del parque voy pensando que está mal conmigo, que hago para que la gente me trate así hasta que un grito me detiene. —¡Nena! ¡No olvides mandarme un mensaje cuando llegues a tu casa!— yo creo que se enteraron hasta en marte. Sonrío al ver como la rubia aprieta disimuladamente la mandíbula y le guiño un ojo a Ilian en señal de que lo haré. Ahora sí, con una sonrisa me encamino hacia mi casa.  
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