Capítulo 9

2617 Palabras
JULIA Rachel lloraba sin parar y aún no sabía la razón. Entonces, salí de la habitación en la que estaba Rachel y di unos pasos por el pasillo para llegar a la del señor Harris. Siempre que le veía me ponía nerviosa porque verle me daba mucha nostalgia. El pasado no lo podía cambiar, ni mucho menos era capaz de olvidar lo que había hecho con respecto a él. — Señor, ¿se encuentra bien? Anton: — ¿Qué haces aquí? — preguntó, visiblemente disgustado, al abrir la puerta por completo. Su actitud y su forma de hablarme siempre me dolían, pero era comprensible. Él no sabía quién era para él, y yo aún no estaba segura de revelarle la verdad. — ¿Qué es todo este revuelo? Anton: — Ni puta idea — respondió, claramente borracho y tiró la cabeza hacía el respaldo. — ¿¡Qué!? ¿Está loco? Anton: — Si vas a darme el mismo sermón que la niñera ya te puedes ir — dijo al ver que tomé un papel color rojo de la mesa. — ¡No sea idiota! — grité y él me miró. Nunca hubiera pensado en hablarle de esa manera, pero mi lado materno hacía que delante de situaciones en las que requería un regaño de mi parte hacia alguien que hizo algo mal, saliera y mucho más si se trataba del señor Harris. Anton: — Ya estoy harto, ¿qué quieres que te diga? — Pues esta no es la mejor manera. No haga esto, se lo suplico Anton: — Yo no quiero tenerla y fue un... — No, no diga que tener un hijo es un error. Solo el hecho de darlo en adopción sí — dije con lágrimas en los ojos. Hablar de estos temas con él, aunque sea solo mencionar las palabras “madre e hijo”, me dolía mucho. Anton: — Ya no hay nada que hacer. Esa niña se irá con quién sea y listo Dijo finalmente, pero yo salí de la habitación. No podía seguir escuchando lo que estaba pensando en hacer, más bien, ya estaba hecho. Con lágrimas en el corazón, bajé a mi cuarto. Cerré la puerta detrás de mí y me senté en el borde de la cama. Quizás él no se daba cuenta, pero estaba cometiendo un grave error al separarse de la niña. Yo había pasado por lo mismo y había dado a mi hijo en adopción cuando tenía solo tres años. Ahora, él era un hombre exitoso, pero la vida le había regalado a la pequeña, a quien consideraba un tormento. Sí, Anton era mi hijo, pero él no lo sabía. Nunca se lo dije, y ahora el miedo me paralizaba. Temía enfrentar el rencor que podría sentir hacia mí si descubría la verdad: que lo había dado en adopción. Pero en aquel entonces, no tenía otra opción. No contaba con los recursos para mantenerlo ni con la estabilidad para hacerme cargo de él. ____________________________________ INICIO DEL FLASHBACK — Te amo, pero los dos sabemos que esto no funcionará Anton: — Pero si queremos si puede funcionar. Cariño, te amo como no tienes idea — dijo juntando sus manos con las mías. — Lo sé, pero creo que lo mejor será que terminemos esto. Ni tu padre ni tu madre me aceptan y eso no cambiará Anton: — ¡A la mierda mis padres!. Cásate conmigo — exclamó y me hizo sonreír. Su acento francés era muy divertido cuando hablaba en inglés. — No funcionará aunque queramos — insistí y él lanzó un suspiro de frustración. Anton: — Entonces, si no funcionará y regresarás a Estados Unidos, déjame demostrarte todo el amor que te tengo — dijo tomándome con sus manos mi rostro. Él era un hombre muy romántico y en esa noche, como otras tantas, no me negué a sus encantos. Así pues, la Luna y las estrellas fueron testigos del gran amor que nos teníamos. Dos enamorados, en realidad, dos amigos que decidieron dar el paso y aventurarse en el nuevo mundo del romanticismo. Éramos todo. Juntos podíamos con todo lo que nos viniese encima pero con sus padres no, puesto que ellos pertenecían a la clase alta y yo, solo era una chica pobre de clase media y esta fue la razón por la que la relación que tenía con mi primer amor, mi primer novio y quien después de tanto tiempo no dejó de ser el amor de mi vida, terminase. — Te amo, eso no olvides nunca — dije antes de que él me besara. Anton: — Y yo te amo a ti, mi Juli — susurró y me dio un beso, de esos llenos de amor y siguió con sus finos movimientos que me envolvieron de pasión. A la mañana siguiente, me despedí de él. Lo que pasó la noche anterior se volvió a repetir en esa mañana antes de irme definitivamente a los Estados Unidos y para mi pesar, ese recuerdo se quedó grabado para siempre en mi memoria y también dejó un regalito en mi vientre que nueve meses después formaría parte de mi vida. Unos tres meses después No supe absolutamente nada de Anton desde que nos despedimos y como fue de esperarse, no pude olvidarlo. Era imposible. Él era el hombre de mi vida, por ello, ni siquiera me tomé el tiempo de buscarme otro novio aunque tuviera algunos pretendientes. No podía porque era traicionar a mis sentimientos y aunque era consciente de que ya no le volvería a ver, mi amor le pertenecería aún sin tenerle cerca. Cloe: — Amiga, acéptalo. Estás embarazada — No, tal vez el médico se equivocó Cloe: — No, Julia entiende — dijo tomándome de las manos y nos sentamos en el borde de su cama. — Estás embarazada y eso no puedes cambiarlo — mencionó y empecé a llorar. — Es que no puedo estarlo, no sé qué salió mal Cloe: — No te preocupes, estas cosas pasan — Sí, pero ¿por qué no le pasó a alguien más y a mí sí? Cloe: — Amiga no llores. ¿Qué harás ahora? — No lo sé. No puedo decírselo Cloe: — ¿Por qué no? Tal vez acepte al niño — No, no lo hará Cloe: — ¿Y eso cómo lo sabes? — Porque me enteré de que él ya tiene esposa Cloe: — ¡Vaya mierda! Seguramente es una mujerzuela fea — ¿Tú crees? ¿Siendo de la alta sociedad crees que tiene una cara fea? — pregunté irónicamente y ella no dijo nada. Cloe: — Lo único que si tenemos claro es que ella solo lo eligió por el dinero que tiene — Sí, seguramente Cloe: — Es evidente. Un hombre como él, de honor y lleno de dinero no dejaría de llamar la atención de las interesadas — Sí, está clarísimo. No sé qué haré ahora Cloe: — Díselo — ¡Ni hablar! Cloe: — ¡Claro que sí!. Julia, él te amó y tal vez te sigue amando todavía — No seas boba Cloe: — Créeme. Ambos eran uno, hacían una pareja muy bonita y yo le conocí a él y sé que si se entera de que tienes un hijo con él, lo aceptará — Tal vez, pero el problema ya no es solo ese Cloe: — ¿Entonces? — Es que su esposa está esperando un hijo de él también — respondí y retorné al llanto. Cloe: — ¡No me digas! ¡Qué cabrón! — Era de esperarse. Necesitaba casarse para que su padre le heredara su fortuna y ahora que lo consiguió, lo tendrá. Sabes, y no es esa razón la que me duele el corazón sino saber que yo pude haber sido su mujer si hubiera aceptado casarme con él. Me lo propuso pero me negué Cloe: — Pero no te culpes por ello. No lo hiciste porque no le amaras sino por la bruja de su madre, ¿olvidas los insultos y la bofetada que te dio cuando supo de la relación que tenías con Anton? — Tienes razón — respondí, mientras los recuerdos de aquella tarde, una de las peores de mi vida, volvían a mí con dolorosa claridad. Anton y yo habíamos pasado el día juntos y, al regresar, me llevó a su casa con la intención de presentarme a sus padres. Lo que parecía ser un momento especial terminó convirtiéndose en una pesadilla. Su madre, más cruel que una bruja, me lanzó insultos que aún resuenan en mi memoria. Cada palabra estaba cargada de desprecio por mi estatus, como si eso definiera mi valor. Pero lo peor llegó cuando, en medio de la discusión, Anton intentó defenderme. Nadie esperaba que su madre se atreviera a abofetearme mientras pronunciaba un único motivo: -Tú no eres, ni serás, digna de mi hijo- Esas palabras nunca las olvidé. Me rompieron el alma en dos. Desde ese día, nos prohibieron vernos, pero el cariño que nos unía fue más fuerte. Anton me buscó días después y seguimos viéndonos a escondidas. Nuestra relación tuvo que permanecer oculta, aunque nunca debió ser así. Sin embargo, a pesar de las circunstancias, fue lo más hermoso que me pudo haber pasado. Seguir a su lado, sentirme amada por él, me hacía la mujer más afortunada del mundo. Cloe: — Yo te aconsejo que se lo digas, al menos solo para que lo sepa — Me lo pensaré Cloe: — Te apoyaré en todo y estoy para ti y para ese bebé en lo que necesiten — Gracias, no sé que haría sin ti — mencioné, sonrió de lado y me dio un abrazo. Un mes más adelante... Por fin decidí arriesgarme y volver a Francia solo para encontrarme con Anton. No sabía cómo se lo tomaría y dudé mucho en ir o no pero finalmente, decidí que era lo mejor. Así pues, me moría de nervios durante el viaje hasta París. Pensé en escribirle una carta para no verle a la cara pero no, este tipo de cosas tenía que afrontarlas cara a cara. No obstante, escribí una pequeña carta donde explicaba la situación y la guardé en mi bolsillo, como si de un amuleto de la suerte se tratase. De igual forma, llegué a la casa donde supuestamente vivía y eso lo sabía porque su padre tenía una empresa muy conocida en la que Anton también trabajaba y eso, hacía más fáciles las cosas por que algunos datos se filtraban en los periódicos. Era una mansión. Toqué el timbre con la mano temblorosa y un señor mayor de traje n***o que parecía ser el mayordomo abrió la puerta. — Hola, lamento interrumpir pero ¿se encuentra el señor Anton? — pregunté flanqueando la voz, a la espera de lo que viniera. Mayordomo: — No, el señor Harris ya no vive aquí Mujer: — Clark, ¿quién es? — preguntó una mujer que llevaba un vestido de seda bastante emblemático de la época. Mayordomo: — Ella estaba buscando al señor Mujer: — ¡Ah! No, señorita. Desgraciadamente mi marido no está «¡Qué desgraciada!, esa es la maldita interesada que se casó con mi Anton», me dije en tanto veía como ella me miraba de arriba hacia abajo. La muy perra me estaba analizando. Mujer: — Bueno, encárgate de ella Clark, yo estaré en la sala Ella se fue y al instante noté que aquel rumor de que tendría un hijo era verdad porque también estaba embarazada, se le notaba la pansa. Mayordomo: — Pues, como le decía, el señor ya no vive aquí — ¡Oh! ¿Entonces podría darme su nueva dirección? Mayordomo: — No me refería a eso — respondió y me llené de intranquilidad y de incertidumbre. — El señor Anton Harris falleció hace una semana — mencionó y no lo creí a la primera. — No, es una equivocación. El señor Harris no puede estar muerto. Por favor, déjeme verlo Mayordomo: — Me temo que es imposible — dijo y caí en la cuenta de que era cierto lo que decía. — ¿De qué murió? Mayordomo: — Un ataque al corazón, lo lamento mucho — respondió y cayeron unas cuantas lágrimas de mis ojos. — ¿Usted lo conocía? ¿Era una conocida suya? En ese momento entré en una especie de trance y mi pulso de aceleró. Mayordomo: — ¿Señorita? ¿Usted lo conocía? El señor hacía preguntas pero yo muy a lo lejos escuchaba su voz. Era una sensación como si estuviera durmiendo y escuchará murmullos. Entonces, di la vuelta y salí del recinto. Todavía no me podía creer lo que estaba sucediendo. En cuestión de meses pasé de estar viendo a los ojos al amor de mi vida y ahora, me decían que estaba muerto. — ¡Joder! — grité al cielo y poco a poco caí de rodillas en el ladrillo de la acera. Estaba muy dolida. No podía ni respirar de la angustia y del sufrimiento que sentía y el dolor iba creciendo ahora que sabía que la única oportunidad que tenía de volver a verle ya no era posible. No sabía cómo cuidaría al niño que llevaba en mi vientre porque no tenía los recursos necesarios, puesto que debía dinero a mucha gente, tenía que pagar dos meses de renta y encima, tenía que criar a un bebé por mi propia cuenta. No podría, era mucho para mí. Igualmente, lo intenté. Cuando él nació intenté hacerme cargo de por unos años hasta que cumplió los tres, pero después no pude. Ni el dinero ni el tiempo me alcanzaban, por ello, tomé la decisión de darlo en adopción. Cloe: — ¿Estás segura de esta decisión? — No, pero no tengo otra opción — respondí y entramos a un edificio en el que dejaría al niño. Me dolía en toda el alma alejarme de él pero no podía hacer otra cosa. O era quedarme con él y vivir en la calle siendo pobres o dejarle en manos de alguna familia que le diera una vida mejor, como era el caso de una pareja a quienes les dejaría a mi hijo. Señor: — Muy bien, ellos serán sus nuevos padres. Solo falta sus firmas y estará todo listo — le dijo a esa pareja. Se veía que eran gente millonaria pero eso no quería decir que fueran buenas, sin embargo, quise pensar que sí. — Bien, ahora firme usted — añadió, mirándome y dudé en firmar ese contrato, pero cedí. A la señora le entregué en brazos al niño y ella lo tomó. — Por favor, solo quiero pedirles algo Señor Aniston: — ¿Sí? — Solo desearía que el niño se llamara Anton. Así lo he llamado desde que nació y sé que ya no tengo derecho a elegir su nombre, pero solo quisiera eso si no es mucho pedir Ellos dos se miraron entre sí y después me volvieron a ver a mí. Señor Aniston: — Está bien — dijo y sonrió de lado. Salimos del lugar y mi amiga me dio un abrazo. Cloe: — ¿Por su padre? — preguntó y asentí. — Sí. Se llamará Anton como su padre — respondí y miré el cielo azul arriba de mi cabeza. Era consciente y estaba segura de que si él hubiera sabido que teníamos un hijo no lo hubiera dejado de lado. Él lo hubiera aceptado porque era lo que un día quisimos pero la vida, en realidad, sus padres, no quisieron. Asimismo, sabía que él, desde el cielo, entendió mi decisión de dar a nuestro hijo en adopción. Sabía que él lo hubiera entendido donde fuera que estuviese. FIN DEL FLASHBACK ____________________________________
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