ANTON
Ya quedaba solo una semana para que oficialmente el verano empezara, pero el calor ya había hecho presencia, por lo que en esos tiempos prefería hacer ejercicio afuera y ese día no hubo excepción.
Fui al patio que tenía la casa, era bastante grande y había varios espacios libres en el que se podían montar mesas para pasar el rato o un mini gimnasio como el que mandé a poner ahí.
Seguidamente, ya llevaba varios minutos ejercitándome y en un momento de esos, percibí esa sensación de que alguien me observaba, lo que me hizo poner mis ojos en el lugar donde sentía una presencia y en la ventana del primer piso vi a Rachel que miraba a través de ella, la que al notar que la caché mirándome cambió de dirección su mirar e hizo como si estuviera limpiando la ventana, pero en realidad no lo estaba haciendo porque ¿quién carajos limpiaba una ventana con la mano?
Así que, ver eso me hizo gracia y ella se dio cuenta de que su idea no había colado, por lo que se dio la vuelta y desapareció.
Pasó una semana desde que ella volvió a ser la niñera de la pequeña y por suerte ella no volvió a llorar como antes lo hacía y eso solo significaba una cosa, que Rachel hacía bien las cosas.
Así que, volví a recordar la vez en la que ella volvió.
Verla con aquella falda corta.
Joder, es que me la hubiera follado ese día.
A causa de ello, esos pensamientos me hicieron planear lo que haría en la noche, aprovechando que también debía hablar con ella para que me explicara un poco cómo le iba cuidando a la niña, ya que aún no me había dicho nada de eso.
22:12 pm.
Me dirigí a la habitación de Rachel y abrí la puerta, sin dar toques en la puerta porque me importaba un carajo si interrumpía en algo que estuviera haciendo o que en dado caso que estuviera desnuda, cosa que no sería ningún problema para mí, sino todo lo contrario.
— ¿Estás ocupada?
Ella estaba acostada en la cama, mirando su móvil y quizás escuchando música porque tenía unos audífonos puestos.
Rachel: — No, dígame
— Ven a mi cuarto, tenemos que hablar
Rachel: — ¿No podemos hacerlo aquí?
— ¿La niña está durmiendo, no?
Rachel: — Sí
— Pues entonces vamos a mi habitación, ¿no querrás despertarla o si?
Ella negó con la cabeza y fuimos a mi cuarto.
Tomé una botella de whisky y dos vasos pequeños.
— ¿Bebes?
Rachel: — No, no puedo.
Estoy en horas de trabajo y no pued...
— Soy tu jefe, ¿recuerdas? Y si te invito a una copa te estoy dando permiso. ¿Tomas?
Rachel: — Sí
Serví en los dos vasos un poco de whisky.
En esa noche quería saber todo sobre ella y qué mejor manera que estar hablando como si de dos amigos se tratase, tomando unos tragos y hablando de sus vidas.
— ¿Cómo te va con la pequeña?
Rachel: — Pues bastante bien si me permite decirlo.
Ella es muy tranquila y alegre.
Me gusta pasar tiempo con ella y no es por presumir, pero creo que ella también siente lo mismo
— Eso creo por lo que he visto — dije y tomé un trago.
— ¿Y tú?
Rachel: — ¿Yo qué?
— ¿Tú, cómo eres?
Tardó unos segundos en hablar, tomó un trago y comenzó a hablar.
Rachel: — Una chica que se considera libre en lo que cabe decirlo, soñadora, trabajadora y dispuesta a aprender y a conocer nuevas cosas
— ¿Eres curiosa? — pregunté y ella no respondió sin primero volver a tomar.
Rachel: — Depende en qué aspecto se trate
— Saliendo de lo profesional, de tu vida y de tus intereses por tener nuevas experiencias a nivel personal — dije y empecé a caminar un poco por la habitación y eso la puso un poco nerviosa.
Rachel: — Bueno, si a eso se refiere, entonces sí
— ¿Y qué te parece si nos referimos al plano s****l? — pregunté sin andarme con rodeos y ella me miró velozmente, casi sin entender muy bien porqué lo había preguntado.
Rachel: — Lo siento, pero ese tema lo considero muy personal
— Ya veo, pero yo soy más de decir las cosas que quiero a la cara y si me interesa algo no tengo porqué ocultar lo que quiero preguntar
Rachel: — ¿Así que usted quiere saber la respuesta?
— Es algo que me interesa — respondí mirándola a los ojos y ella tomó un sorbo de la bebida sin dejar de verme.
Rachel: — Bien, ¿qué desea saber?
— Lo quieras contarme.
Cuáles son tus gustos y las cosas que desearías experimentar
Rachel: — De hecho, soy un poco básica, pero no tengo miedo a vivir nuevas experiencias. Además, mi exnovio no quiso hacer otras cosas aparte de lo típico y me acostumbré a lo de siempre
— ¿Típico?
Rachel: — Ajá... Lo típico, ¿sabe?
La misma posición siempre y no cambiaba porque para él era su arma perfecta
— ¿Y lo era?
Rachel: — No — respondió y rio.
— ¿Y cómo te gustaría hacerlo?
Rachel: — Veo que usted es más curioso que yo
— Espero que lo hayas dicho como un cumplido — dije y ella sonrió.
En el ambiente se notaba bastante tensión, pero de momento yo la soportaba y ella también.
Los dos estábamos teniendo una conversación fluida e intensa.
— ¿Entonces?
Rachel: — ¿Qué le parece si me cuenta algo de usted primero?
¿No solo yo tengo que hablar o sí?
— ¿Qué quieres saber?
Rachel: — La misma pregunta que me ha hecho — dijo sonriendo maliciosamente.
— En el sexo me gusta dominar y tomar el control de lo que hago
Rachel: — ¿Es rudo?
— Cuando quiero sí — respondí y ella tomó de su vaso, mirándome a través de él.
Rachel: — ¿Y qué le gusta hacer?
¿No es el típico hombre que solo busca complacerse a sí mismo o sí?
— No, soy diferente. Me gusta que la mujer experimente más placer que yo en ese momento.
¿Tu ex era así de idiota para hacer eso?
Rachel: — Sip. Él solo buscaba su placer, ni sabía cómo complacer a una mujer.
¿Y para usted qué significado tiene complacer a una?
Lo preguntó, se acomodó en la silla y yo me senté en el borde del escritorio, en dirección a ella.
— Hacer que disfrute de lo que le estoy haciendo. No solo enfocándome en un lugar y utilizando la misma técnica, sino utilizando varias herramientas que conozco perfectamente.
Sin embargo, eso depende de la mujer con que esté, ya que no a todas les gusta de la misma manera.
Algunas les gusta que utilice juguetes o simplemente darles diversión conmigo mismo
Rachel: — ¿A caso le gusta el masoquismo?
— Algo parecido, pero no, no soy un amo ni un sádico, simplemente disfruto ser un completo salvaje en el sexo
Lo dije sin apartar la mirada y volví a tomar de mi vaso, aunque en este ya no quedaba nada.
Rachel: — Entiendo
— ¿Quieres? — pregunté ofreciendo whisky, en tanto me servía otro vaso.
Rachel: — No quiero, en este momento lo necesito — respondió con una actitud desafiante y seductora, como teniendo en cuanta lo que podría ocurrir después si seguíamos con este juego de conocernos íntimamente y mucho más, sabiendo que nos podíamos poner borrachos y que todo podía pasar si mis ganas y sus ganas de conocernos físicamente salían a luz.