RACHEL Martes. Desde la noche en que Anton y yo nos volvimos a acostar, no volvimos a repetirlo, y aunque pensé que podría ser porque él simplemente no quería, sus actitudes me hacían dudar. No debía insistir en que me prestara más atención, ya que él y yo no habíamos establecido ningún compromiso, ni siquiera habíamos hablado de nuestros sentimientos. Pero a pesar de ello, nuestras noches juntos me hacían pensar que eso era todo lo que podíamos esperar de nuestra relación. Pues me estaba olvidando de un detalle importante: el señor Harris tenía fama de ser mujeriego. ¿Y, qué hacían los hombres como él cuando se aburrían de alguien? Buscaban a otra persona. Esta idea comenzó a rondar mi mente cuando noté que sus actitudes se volvían cada vez más distantes, y eso me asustaba, ya qu

