Tom conducía por una solitaria carretera en medio de un lugar inhóspito. La noche era oscura y silenciosa, pero él estaba acostumbrado a la soledad... Sin embargo, algo en el ambiente hacía que sus instintos se dispararan, y una inquietud incómoda comenzara a apoderarse de él.
Él había estado conduciendo por la solitaria carretera, sin un destino en mente. Mirando a través del parabrisas el paisaje borroso que se desvanecía con rapidez, pero su mente estaba sumergida en un mar de pensamientos turbulentos.
Hacía varias semanas, Tom había cometido su último error lo que le había llevado a decidir huir por un tiempo... a fin de cuentas ya no tenía un lugar al que pudiera llamar su hogar ni responsabilidades a la vista.
Y las acciones dañinas que había realizado parecían perseguirlo a cada paso. Sabía que transitar por esas carreteras sin rumbo no borraría el daño causado, pero necesitaba ese espacio para reflexionar. Y los lugares con nombres poco memorables de los pueblos más inhóspitos al norte de los Estados Unidos parecían haberse convertido en algún tipo de terapia poco tradicional de manera provisional.
El cielo estaba oscuro, reflejando perfectamente el estado emocional de Tom. La lluvia comenzó a caer, pero él decidió continuar por su camino sin prestar atención a las inclemencias del tiempo.
La mente de él se llenó de imágenes del pasado, recordando cada cosa egoísta y cruel que había hecho... sin contar con su paso por el cuerpo militar del cuál había tenido una deshonrosa salida producto de un horrible crímen de guerra. Solo había sorteado la cárcel por un pelo...pero eso parecía haber ocurrido hacía mucho tiempo.
En ese mismo momento lo peor de todo era que sus últimas acciones habían afectado a la única persona que amaba en el mundo y no estaba seguro de poder encontrar el perdón perdido, mucho menos la redención que ansiaba.
Suspiró profundamente mientras con una mano en el manubrio y otra en la cabeza rascaba su frente y reflexionaba ¿Cómo había llegado a convertirse en esa persona despiadada? ¿Cómo había dejado que la rabia y la frustración controlaran sus pensamientos y acciones llevándolo a convertirse en esa persona vil y cruel que era?
Más temprano, las luces de un pequeño pueblo habían aparecido a lo lejos, rompiendo el revoloteo de pensamientos de su mente haciéndolo detenerse para poder reflexionar en un ambiente más tranquilo y protegido de la tormenta. Había estacionado su auto cerca de una pequeña cafetería y entró, esperando encontrar alguna respuesta o al menos un poco de paz en ese apartado lugar.
El calor del sitio y el aroma del café fresco le dieron la bienvenida mientras Tom buscaba una mesa en un rincón apartado. Ordenó una taza humeante y dejó que el calor envolviera sus manos, esperando encontrar al menos un poco de calma en su interior.
Observó a las personas que tomaban el café, notando cómo cada una parecía llevar sus propios secretos, cada uno sumergido en sus propios pensamientos.
Tom decidió, luego de comer unos huevos junto con su café, que su camino sin rumbo debería continuar. Se levantó de la mesa con determinación y dejó el café atrás. Atravesó la puerta de la cafetería, enfrentando la lluvia y la incertidumbre que lo esperaban afuera.
No sabía cómo sería su camino hacia la redención y el perdón, y no estaba seguro de ser merecedor de ello, pero algo lo impulsaba a volver a la carretera.
De repente, los copos de nieve comenzaron a caer del cielo, cubriendo el parabrisas y dificultando su visión haciendo que fuera consciente de ese momento y lugar.
Él activó rápidamente los limpiaparabrisas para despejarlos, pero la nevada cada vez era más intensa. Decidió reducir la velocidad y mantenerse alerta mientras seguía avanzando.
Fue entonces cuando, en medio de la neblina generada por el frío, una figura se cruzó en su camino. Tom pisó el freno bruscamente, con el corazón palpitando fuertemente en su pecho. Bajó la ventanilla para observar lo que había interrumpido su viaje de esa forma tan ominosa, pero al no poder divisar nada, subió el cierre de su chaqueta y abrió la puerta, preparándose para enfrentar el frío de la noche.
Al acercarse al parachoques, su aliento quedó atascado en su garganta cuando
una niña apareció frente a él, con una expresión de miedo reflejada en sus pequeños ojos. Estaba cubierta de nieve y temblaba de frío. Era lo último que hubiera imaginado encontrar pero Tom se sintió aliviado al verla ilesa.
— ¡Dios mío, casi te atropello! ¿Estás bien? — la niña permanecía en silencio, sus labios temblaban y sus ojos seguían fijos en él. Tom se acercó a ella para envolverla con su abrigo. No era bueno con los niños pero tampoco era tan hijo de puta como todos pensaban —. Y dime ¿Dónde están tus padres? ¿Qué haces aquí sola en medio de la noche y con este frío? — inquirió curioso luego de analizarla por un instante.
La pequeña no respondía, parecía petrificada por el susto o el shock del momento. Tom decidió llevarla a su auto para protegerla del gélido viento y tratar de calmarla.
— Tranquila, pequeña. Estás a salvo ahora. Iremos a buscar ayuda. Encontraremos a tus estem... "padres"...— irónicamente al pronunciar la palabra se sintió como Willy Wonka.
Tom colocó a la niña cuidadosamente en el asiento del pasajero y también se subió al automóvil.
Aumentó la calefacción para que ella entrara en calor entonces pareció reaccionar de repente.
La niña comenzó a sollozar y las lágrimas recorrían sus mejillas mientras tomaba la mano de Tom desesperada.
— ¡Por favor, ayúdame! Alguien le hizo daño a mi tía, está muy lastimada. ¡Tenemos que encontrarla! — le gritó con su voz de niña.
— Puedo intentar llamar a la policía...
— No hay tiempo, por favor — suplicó ella llorando y el corazón de Tom se estrujó... recordó cuando su padrastro les pegaba a su madre y a él, y nunca nadie los había ayudado...
— Ok ok... muéstrame... — la desconfianza se mezclaba con la determinación en sus ojos mientras dejaba que la pequeña tironeara suavemente de su mano, guiándolo por el sendero cubierto de nieve, pues ambos habían salido del auto.
La niña lo condujo hasta una casa a unos metros del camino, apenas visible en medio de la bruma de la noche. Las luces eran tenues, casi apagadas y la oscuridad parecía envolverla como un manto siniestro. Tom sintió un escalofrío recorrerle la espalda y el resto de su cuerpo.
Al llegar a la entrada detectó que la puerta había sido forzada... dio un paso hacia dentro y cerró. Luego se agachó a la altura de la niña y la miró, la pequeña tenía los ojos de un tono entre azul y verde, se dio cuenta de que temblaba y sus dientes castañeaban, quizá de frío mezclado con el terror por aquella situación.
— Quédate aquí, yo iré a ver qué pasa ¿sí?
Mackie asintió con su cabeza, temerosa.
El hombre rubio no le inspiraba mucha confianza pero era mejor que nada, pensó.
Tom entró con cautela y un gemido lastimero llenó el aire de inmediato.
Se dejó guiar por el sonido. En el interior de la cocina, encontró a una mujer tendida en el suelo, con heridas en su rostro y en su cuerpo. Su ropa parecía desgarrada como si alguien hubiera intentado abusar de ella. Tenía un corte en su frente, su cabello oscuro pegado a su cabeza. De pronto notó que la frialdad del ambiente contrastaba con el calor de la sangre que emanaba de sus heridas.
El rubio se apresuró hacia ella, sintiendo una especie de déjà vu pues le recordó a su madre por un instante y su corazón se congeló en su pecho con una sensación que hacía mucho que no sentía...tristeza ... tristeza al ver el estado de la mujer. La arropó con un mantel que encontró cercano y rápidamente sacó su teléfono para llamar a emergencias. La niña, que había entrado se acurrucó a su lado con un bulto y se aferró a su abrigo con fuerza. Se oyó un llanto. ¿Qué carajos? ¿acaso era...?
— Ella es Lynn, mi primita — le dijo la niña mostrando a la bebé, como si hubiera oído sus pensamientos — Crees que mi tía... ¿estará bien? — preguntó temerosa.
— Todo saldrá bien, no te preocupes. La ayuda estará en camino pronto... — en ese momento un chirrido de ruedas lo sacó de su desconcierto — Quédate con ella un momento...
— Espera no te vayas... no me dejes — le suplicó aferrando su chaqueta con su manito pequeña.
Él la miró fijo a los ojos.
— Solo buscaré al hombre malo... él ¿lo conoces??? — ella negó con la cabeza —.Ok, debo ir a chequear... — trató de explicarle e hizo que lo soltara.
Se levantó despacio y salió rápido de allí, a lo lejos pudo ver cómo las luces de su vehículo iban desapareciendo por el camino.
— CARAJO — exclamó él y pateó el suelo cubierto de nieve con enojo. Él muy maldito se había llevado su auto. Sin poder hacer nada, decidió volver con la mujer y las niñas a la casa.
Mientras esperaban la llegada de los servicios de emergencia, los ojos de Tom buscaban desesperadamente alguna pista sobre el agresor allí dentro.
Ya había asegurado puertas y ventanas por si acaso aunque no había logrado que la mujer recuperase el conocimiento.
La mujer joven de cabello oscuro yacía desvanecida frente a sus ojos, mientras él intentaba que volviera en sí. Sus manos eran firmes mientras pasaba la toalla húmeda por su frente. Había colocado a la niña y la bebé en un sillón individual que acercó pues la pequeña no quería separarse de su tía.
Mientras con cuidado y sin moverla, limpiaba sus heridas, observó con atención cada uno de los rasgos de su rostro, buscando alguna señal de reacción, pero no pudo evitar que sus pensamientos se desviaran.
Sophie, su media hermana de la que había estado enamorado desde que la conoció unos años antes, cuando el padre de ambos (que hasta ese momento era en apariencia solo su tío) lo contrató para ocuparse de su trabajo sucio, se le vino a la memoria. Había huido por ella, pues la acechaba y le habían pateado el culo por eso. Ahora era una mujer casada y su marido contrató seguridad para resguardarla ella y su bebé.
Pensó en su belleza frágil y delicada, su sonrisa encantadora y su mirada llena de dulzura, lo que habían hecho que Tom se sintiera cautivado desde el primer momento en que la vio. Pero ahora, al ver a esta joven de rasgos menos sofisticados, algo en él se conmovió, aunque en forma diferente.
No podía evitar comparar a ambas mujeres en su mente, claro. Sophie, con su cabello rubio y sus ojos dorados como el sol, parecía una muñeca de porcelana. Cada gesto suyo era tan adorable y delicado que era imposible no perderse en su presencia etérea. Pero ahora, al observar a esta mujer tan diferente , Tom notaba algo nuevo e inexplicable en su belleza menos clásica.
La joven en cuestión tenía un aire de misterio y fortaleza oculta en su apariencia. Aunque sus rasgos no eran tan perfectos como los de Sophie, había algo en su expresión, incluso desmayada, que despertaba una curiosidad incontrolable en Tom.
Sus gemidos del inicio se apagaron, como si hubieran sido pequeñas migas de pan dispuestas allí, solo para guiarlo hacia ella, pensó sin dejar de mirar sus tentadores labios carnosos, partidos en ese momento por el golpe.
Su cabello oscuro enmarcaba un rostro sereno que le hacía preguntarse como serían sus ojos, ¿cómo los de la niña acaso?. Aunque no podía explicarlo, algo en ella lo atraía de una manera muy distinta a lo que había sentido por Sophie.
Quizás era la vulnerabilidad que se escondía detrás de su apariencia tosca y suave, o la sensación de que había algo más en ella que aún no se revelaba.
Mientras continuaba intentando revivir a la muchacha, la preocupación por su bienestar no cesaba. Pero esa leve conexión que había surgido en su interior le recordaba que aún estaba vivo de algún modo inesperado... Que aunque su corazón herido aún latía por Sophie, había una chispa latente en su ser que se negaba a extinguirse. ¿Tal vez aún habría esperanzas para él? Pensó por un breve instante.
Finalmente, la joven abrió los ojos y Tom presenció cómo un brillo verde azulado intenso se apoderaba de ellos. Al menos por un momento .
— ¿Es...tán bien??? — preguntó con voz temblorosa y él supo que se refería a las niñas.
— Están bien — le respondió con seguridad justo antes de que ella, en apariencia aliviada, volviera a desmayarse.
Tom no tuvo más tiempo de interrogarse acerca de qué fue todo eso pues minutos después, los agentes de policía llegaron y luego, todo pareció sumergirse en un caos.